El fútbol, símbolo de paz
El planeta vuelve a fijar su atención en el balón con el inicio del Mundial de Fútbol 2026, que promete quedar en la historia de inicio por ser el primero que se realiza en tres sedes: México, EEUU y Canadá, y porque será el más grande con 48 selecciones participantes. Y, a diferencia de otros será el más tecnológico al punto que muchos aseguran que tendrá mayor protagonismo que los futbolistas. Se estima que más de 6.000 millones de personas seguirán el máximo evento deportivo del planeta.
Resulta gratificante que el mundo se detenga, pero esta vez no por las guerras, conflictos y las tensiones políticas que a menudo acaparan los titulares de los medios; ahora, lo hará por un encuentro de países y de estrellas que se disputan la Copa del Mundo en batalla épicas de 90 minutos, donde todos son iguales y tienen la misma oportunidad de salir vencedores y, por qué no, ser los campeones del mundo.
El inicio del Mundial 2026 no solo es una fecha especial en el calendario deportivo, sino una muestra palpable de que la humanidad puede unirse en torno a un objetivo noble: el deporte. El fútbol en particular que promueve el juego limpio.
En el caso de Bolivia, vivimos este momento sin habernos clasificado y en un momento político, social y económico complejo. Las tensiones parecen imponerse y cubrir todo el horizonte al punto de que quienes viven más de cerca las consecuencias de los conflictos y los bloqueos parecen perder la esperanza. Sin alimentos, sin trabajo y sin esperanza es difícil esperar que se tenga un espacio para el Mundial 2026. Sin embargo, esta contienda deportiva, que paraliza el planeta en la medida en que se acerca a sus momentos culminantes, es y seguirá siendo un símbolo de que la humanidad puede vivir, aunque sea por un tiempo breve, en paz y hermandad.
En Bolivia, en particular, seguramente se seguirá el Mundial con un sabor agridulce porque estuvo a un paso de clasificarse al llegar al repechaje, pero queda la ilusión de poder estar en la próxima cita mundialista. Llegar a esa meta depende en gran medida de apoyar el proceso que inició la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), siempre y cuando, este camino también esté acompañado por resultados que muestren el avance y no el simple apoyo por apoyar.
Los mundiales tienen la particularidad de transcender más allá de la sede. Su fuerza y su magia une a los países, en particular a los participantes. Se lo vivirá en las calles, los barrios, las oficinas, los hogares, en el país y en los continentes.
El fútbol posee un extraño y noble superpoder de hacer una pausa en nuestras disputas y en nuestros problemas cotidianos.
Mientras ruede el balón el mundo ingresará en una tregua necesaria y es de esperar que esa paz también ayude a que Bolivia tenga mejores días y logre contagiarse de esos valores de hermandad y convivencia pacífica que irradia la máxima cita mundialista.



















