Servir y servir
"El que lo abandona todo por ser útil a su país, no pierde nada, y gana cuanto le consagra" fueron las elocuentes palabras del Libertador Simón Bolívar. Ciertamente, la patria también se construye con la fuerza de las ideas y el lenguaje público de la responsabilidad.
Pienso en su larga historia. Los sueños de democracia, las palabras y las voces ciudadanas, sus clamores por una verdadera educación de calidad y, lo último, una sociedad donde todos seamos servidores públicos.
Es así, que su elocuencia y utopía me dejaba pensativa.
Su congruencia se hacía eco en sus relaciones familiares, Abrigaba, proveía, enseñaba y era terriblemente generoso al extremo de no tener casi nada.
Me seguía dejando pensativa. Y tuve la oportunidad de ver de cerca el desafío de construir una nueva institucionalidad para la Escuela de Gestión Pública.
Se sentía un patriota.
Hablaba y soñaba con un servidor público que fuera más que eficiente. Que encarnara en sí mismo lo mejor de la patria.
Y su utopía y vocación ciudadana sorprendían a más de uno.
A veces, también necesitamos el abrigo de palabras esperanzadoras para que la patria no muera.
No muera congelada en la ferocidad de los que la desgarran con saña e inquina.
Una tarea urgente. Una tarea a la que consagrar los esfuerzos más preclaros.
En ese afán, educaba a los servidores públicos que quisieran escuchar. Por eso, no es extraño que hoy eligió la Casa de la Libertad para explicar la necesidad de imaginar otro país, otro Estado y una ética del servicio público.
Una ética del servicio público que pone en el centro al ciudadano y lo imagina capaz de reconstruir la institucionalidad del Estado. Es un enamorado de Bolivia y un defensor de los ideales democráticos, pese a todo.
Es así, un intelectual orgánico en el mejor sentido gramsciano y un hombre convencido de que la utopía de tiempos mejores para la patria no puede detenerse.
Los patriotas que lucharon con denuedo por la patria, la libertad y la democracia como esencia del Estado, acompañan su gesta. La gesta de imaginar un país de iguales, donde la inclusión y la diversidad no estén ausentes. Donde los ciudadanos sean servidores públicos y, por supuesto, mujeres y hombres probos.
La autora es docente titular de la UMSA e internacionalista




















