Rehenes más de 40 días
El drama que viven unos 5 mil transportistas en las carreteras bloqueadas del país es una triste constatación de la falta de empatía, respeto a los derechos humanos y cultura de paz que existe entre los bolivianos. ¿Qué clase de persona se puede ser para impedir que por más de un mes los choferes se queden en el altiplano y las montañas sin alimento, sin agua, sin servicios, sin condiciones dignas para vivir?
Si bien gran parte de los bolivianos lidian con los bloqueos y sufren por la escasez de los alimentos básicos, hay puntos de bloqueo que son más duros, como se han visto en este último mes en Desaguadero, Confital, Bombeo, el Cruce Vacas, Ichilo y San Julián.
Son miles de choferes que están más de 40 días en las carreteras sin más refugio que las cabinas de sus camiones y tráileres. Se hallan sin baños, agua potable y alimentos. Muchos testimonios relatan que toman agua turbia del río y cocinan a leña en el Desaguadero, en Oruro. A ello se suma el frío extremo que soportan y las dolencias debido a que varios sufren de enfermedades de base, pero continúan en los caminos porque deben resguardar su herramienta de trabajo y su mercadería.
Además, se ven expuestos a la inseguridad por las agresiones verbales, amenazas e incluso ataques con dinamita si intentan dialogar o buscar rutas alternas. Uno de los momentos de mayor tensión se dio en el Desaguadero, en la ruta entre Patacamaya y Tambo Quemado, cuando un grupo de choferes intentó romper el bloqueo el martes y fue intimidado por los bloqueadores, unos 25 varones y 10 mujeres, con detonaciones de dinamita.
En su desesperación uno de los choferes atrapados dijo: “El límite de la paciencia, el aguante, el hambre, la salud ya no nos permite (seguir acá). Nosotros no hemos violado ni infringido ninguna ley, por lo tanto, nosotros somos rehenes durante 40 días”.
El calvario que pasan los choferes en las carreteras puede llevarnos a condenar las protestas, pero lo importante es ver el fondo del problema: un Estado que ya no puede garantizar la seguridad de sus ciudadanos y la falta de una cultura de paz entre los bolivianos.
La recuperación de los valores de la convivencia social tiene que partir de la defensa general de los derechos humanos y no selectiva de sectores que se consideran vulnerables. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos deben actuar con la misma diligencia con la que acuden cuando se registran heridos y detenciones del lado de los bloqueadores y cuando se tienen denuncias de los bloqueados, como los transportistas o personas de a pie que están afectadas por una protesta y por la violencia de los grupos de choque que acompañan a las manifestaciones.
El desbloqueo de los caminos le corresponde a la Policía y las leyes, pero lograr que los bolivianos dejen de ser enemigos es una tarea que nos compete a todos y que se debe construir día a día desde lo cotidiano con tolerancia y respeto por los demás.



















