Falta de cultura vial
Cuando ganar unos segundos en el camino valen más que la vida humana es demostración de que todos fallamos y hemos perdido el respeto por el prójimo. En cualquier punto de Bolivia no es necesario ir a las carreteras más peligrosas para constatar que no se respetan las normas de tránsito. A diario se puede ver en cualquier esquina cómo los vehículos aceleran cuando el semáforo está a punto de cambiar a rojo sin importar si hay peatones a punto se cruzar la vía.
Las cruces colocadas a lo largo de los caminos donde han fallecido personas en accidentes de tránsito hacen que las jardineras, barrancos y carreteras parezcan cementerios. Hay lugares donde en una sola cuadra se pueden contar hasta cinco hornacinas en memoria de las víctimas.
La frecuencia de los accidentes ha hecho que se normalice tener grutas para recordar a los difuntos y que hasta parezcan parte del paisaje. Pero, no, su presencia es una lamentable constatación de la falta de cultura de seguridad vial y de recurrentes tragedias que enlutan a las familias que han perdido una madre, un padre, un hermano, un hijo, un familiar, un amigo o un vecino. Y, aunque los vehículos sigan su curso y la vida transcurra igual, la existencia de estas personas afectadas por un accidente nunca más será la misma.
El aumento de la cantidad de motocicletas de uso personal y para servicios de reparto de productos y alimentos se han convertido en un problema adicional para el tráfico vehicular en cualquier capital departamental o ciudad intermedia.
Gran parte circula a gran velocidad, sin respetar su carril, en medio de los vehículos, mientras los giros repentinos son una costumbre sin las señales de alerta para otros conductores y transeúntes. Otro problema consiste en las paradas arbitrarias que establece el transporte de carga y pasajeros al convertir avenidas en estacionamientos lo que reduce el espacio para la circulación vial.
El tráfico accidente sufrido por integrantes del conjunto folclórico Kurumanta en la ruta que Cochabamba con Oruro volvió a llamar la atención sobre el peligro en las carreteras por la cobertura mediática que recibió. Sin embargo, los siniestros de automotores son un desastre de todos los días.
La Dirección Nacional de Tránsito, Transporte y Seguridad Vial reportó que 1.168 personas perdieron la vida y otras 12.088 resultaron heridas en 15.187 hechos de tránsito registrados entre enero y septiembre de este año. Esa alarmante cifra muestra que diariamente casi seis personas fallecen y se registran unos 71 hechos de tránsito. En uno de los siniestros más relevantes, más de 30 personas fallecieron en Uyuni en un accidente de marzo, según publicó Los Tiempos.
La educación vial debe ser una tarea cotidiana y sostenida para reducir el índice de accidentes. La cultura de seguridad vial solo será una realidad cuando quienes estén detrás del volante asuman conciencia de gran responsabilidad que tienen y las autoridades sancionen a los infractores para evitar tragedias.


















