Más vale tarde que nunca, y una asignatura pendiente
En los últimos tiempos, el presidente Rodrigo Paz se dirige a la nación con el mensaje y las propuestas correctas, dando un giro de casi 180 grados de su discurso preelectoral. Más importante aún, inicia la implementación de las mismas. Es causa de celebración dirán, excepto que esa nueva posición llega 10 meses tarde; ojalá no demasiado tarde.
El éxito de un Gobierno no depende de ser consistente con su mensaje electoral. El éxito depende de adoptar, y aplicar, las políticas y medidas correctas.
Al anular la subvención al diésel, Paz declaró que la misma resultaba en contrabando a países limítrofes donde ese combustible es más caro, provocando filas interminables en su provisión, y fomentando en grande la corrupción. Pero, aun peor, declaró que con la subvención se perdían ingentes recursos que podrían invertirse en infraestructura, salud y educación, entre otros.
De igual modo, Paz abraza la necesidad de obtener préstamos del FMI para equilibrar la macroeconomía –indispensable condición para volver a un crecimiento sostenido– buscando frenar una devaluación acelerada del boliviano, evitar una inflación cada vez mayor, y controlar la brecha deficitaria fiscal y en la balanza comercial, metas para las cuales se necesita aumentar las reservas internacionales del Banco Central de Bolivia.
El problema fundamental que enfrenta el país es tan fácil de entender como duro en sus consecuencias: al tener menos ingresos se tiene menos consumo. Este fenómeno ya se manifestó en los últimos años del Gobierno de Arce Catacora.
Las medidas adoptadas deben orientarse a una restricción del consumo acorde con la existencia de una menor cantidad de recursos. Es ineludible reducir el gasto del Gobierno, racionalizar los precios asumiendo su incremento hasta el nivel que el mercado determine, llegando a un nuevo equilibrio que refleje la imposibilidad a corto plazo de mantener los niveles de consumo previos, y eliminar subvenciones insostenibles.
La alternativa es el desquiciamiento progresivo de la economía por medio de una inflación cada vez mayor.
Ya no existen los ingresos extraordinarios de la bonanza del gas y las materias primas, ni las reservas acumuladas durante ese tiempo. ¿Acaso todo eso no era evidente hace años? ¿Cómo es que recién ahora el Gobierno “descubre” esa realidad?
Llegar al poder sin un plan, sin un programa de gobierno serio, sin partido y sin equipo como lo hizo Rodrigo Paz, hace significativamente más difícil gobernar apropiadamente. Pero todo eso se puede sobrellevar si el candidato electo en esas condiciones tiene una apreciación correcta de la situación, un entendimiento básico de economía, una comprensión adecuada del problema al que se enfrenta y la convicción necesaria para adoptar las medidas imprescindibles para dar una solución integral.
Se podrá decir en su defensa que no pensaba ganar, pero eso resulta inverosímil. Ningún candidato que se precie de tal se presenta sin contemplar la posibilidad del triunfo, y Paz no era la excepción. Entonces ¿por qué postuló si no tenía nada que ofrecer al país? ¿Era que sólo quería ser presidente, pero sin saber para qué?
Con todo, existía una medida en la que estaba en lo correcto desde su etapa como candidato, pero que, paradójicamente, no ha aplicado tras haberla anunciado: la aprehensión de Evo Morales.
Al no ejecutarla, el Gobierno incumple su obligación constitucional de hacer cumplir la ley, permitiendo que un imputado por delitos vinculados al abuso de menores continúe en libertad.
Asimismo, el Ejecutivo tolera la existencia de un territorio fuera del control estatal, donde las autoridades no ejercen jurisdicción, en pleno centro del país.
Por último, Morales ha probado que es una amenaza a la democracia, que su modelo es el autoritarismo del socialismo del siglo XXI, por lo cual, de volver a ser presidente, intentaría eternizarse en el poder.
Las razones para arrestar a Morales son tales que se elevan a razones de Estado, con cualquiera de ellas obligando a su arresto. Pero ahí no acaban las motivaciones para hacerlo.
Por razones estrictamente pragmáticas de auto preservación Paz debió aprehender a Morales.
Está claro que el expresidente es un enemigo natural, y hubiera sido un enemigo mortal, de cualquiera de los principales candidatos de la oposición en la elección del 2025, incluyendo, por supuesto, Rodrigo Paz.
Todos habían declarado su intención de someterlo a la justicia. Es de suponer que todos entendían que, acorralado, Morales iba a recurrir a sus antiguos métodos de desestabilización, bloqueos y convulsión social en cuanto tuviera la oportunidad, como en efecto lo hizo en mayo y junio. Por último, naturalmente que ambiciona volver al poder, y para eso tenía que liquidar de algún modo al Gobierno recientemente electo.
¿Cómo es que, si no un gobernante competente, al menos un político avezado como Paz no percibía esa realidad? ¿Estimaba que ya no era necesario actuar porque había ganado con más del 55% de la votación? ¿Que por tanto Morales ya no era un factor de temer en el escenario nacional? ¿Era por la arrogancia de la victoria? ¿O era que no quería asumir el costo político de su detención?
Es verdad que Morales se encuentra grandemente reducido en su estatura nacional. Sin embargo, se avecinan tiempos difíciles de aún mayor austeridad, lo cual pondría a prueba hasta al mejor de los gobiernos. Mas penuria económica combinada con las habilidades demagógicas que posee el líder cocalero hacen que no aprehenderlo constituya un error imperdonable.
El autor es economista
Columnas de CARLOS GUEVARA RODRÍGUEZ


















