Música. Residente despelleja a Balvin
Quizá sea el ataque más feroz que un artista ha perpetrado sobre otro en una canción en español. Hablamos de músicos de primer nivel de popularidad: el puertorriqueño Residente, con 31 premios Grammy tanto en solitario como con su exgrupo Calle 13, y el colombiano J Balvin, con cinco Grammys.
En una canción de ocho minutos junto al productor y DJ argentino Bizarrap, Residente no se anda con metáforas para describir a J Balvin. Algunos ejemplos: “El pueblo luchando, los están matando, y el tipo sube fotos de Gandhi rezando”; “pendejo mentiroso, se hace el espiritual usando la salud mental para vender un documental”; “no entiende los valores de la vida, se tiene que tatuar la palabra ‘lealtad’ porque se le olvida”; “es un imbécil con tinte de cabello que puso a mujeres negras con cadena de perro en el cuello”.
La diatriba de Residente se divide en tres capítulos: “En un lugar de la Mancha”, “Mis armas son mis letras” y “El caballero de los espejos”. Es en esta tercera parte cuando el puertorriqueño despliega su arsenal de insultos al colombiano. La canción va acompañada de un video sencillo que muestra a Residente grabando la pieza. Con una camiseta blanca de tirantes y una gorra, el cantante da un sorbo a una cerveza y comienza su cruzada.
En la primera parte se muestra como un Don Quijote salvaguardando la honestidad de la música urbana y en contra de los vendedores de perritos calientes: “Mientras hablo solo como Don Quijote./ Con espuma de cerveza en el bigote. / Esperando a que estos hot dogs salgan del camarote. / Como un brote, antes de que se les hunda el bote. / Pero como siempre, la mierda sale a flote. / Estoy preparado para darle a estos soplapotes hasta que el cartucho se me agote”.
En la segunda parte, no falta la crítica al autotune, el modificador de voz, ya el instrumento más relevante del pop comercial actual: “El autotune y el playback activado./ Estos bobos cantan hasta con el micrófono apagado”. El sentir de esta fase de la canción lo expresa casi al final: “Una cosa es ser artista, otra cosa es ser famoso”.
El último tramo es donde se desata. Está introducido por una conversación. “¿Está bien así?”, pregunta Residente. “Si le dieras a Balvin puede ser que me guste”, le responden. “No, a Balvin no. Es un bobolón ese cabrón”, espeta primero Residente. Pasan tres segundos y añade: “Bueno, dale”. Y arranca un diluvio de ataques personales a J Balvin.




















