¿Seguimos siendo de la cultura del diálogo?
El paro indefinido se venía anunciando desde hace varios días, tiempo suficiente como para que el Gobierno convocara al diálogo. Finalmente, uno de los eslóganes utilizados de manera recurrente por la cúpula del MAS señala que los bolivianos “somos de la cultura del diálogo”. El Gobierno no convocó a nadie. Por el contrario, aprobó normas y, como yapita, agregó al régimen impositivo desigual y coactivo que tenemos, el cobro por servicios digitales... (como si a los bolivianos nos sobrara el dinero en el bolsillo).
La pregunta que cabe es si seguimos siendo de la cultura del diálogo. La realidad dice todo lo contrario y que el presidente Arce hace oídos sordos a las demandas de una parte importante de la población, aquella que observa con preocupación el impacto que tendría el paquete de leyes y normativas que se vienen aprobando sin la suficiente y debida participación y socialización.
Pero no sólo hablamos de las normas que a pesar de su rechazo se aprueban entre gallos y medianoche con forma de decretos, resoluciones o incluso leyes (si toman desprevenida a la tímida oposición formal). Nos referimos a las declaraciones que en tono desafiante vierte el primer mandatario: “Unidos nos tiemblan, nos tienen miedo”. Estas expresiones no tendrían que salir de la boca de un dignatario de un Estado democrático.
Me parece que el presidente Arce debe dar otro tipo de señales, más amables, inclusivas, de paz, de respeto, de escucha, y no prestarse a las viejas mañas de aquellos políticos acostumbrados a la amenaza, odio y burla.
Arce puede hacer las cosas diferentes, es un hombre educado, formado, con experiencia, pero por alguna razón se niega a hacerlo, y no es lo que los bolivianos queremos ni necesitamos.
La autora es comunicadora social
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