Hogar: Pensamientos de agosto
// Texto: Alicia Cortés Soruco
Fotos: Una Gran Nación //
Hay algunas frases que, de tanto repetirlas, pierden su sentido o lógica. Las hemos escuchado en todo lado, desde la televisión hasta de nuestros amigos y parientes: “Es que, para triunfar, hay que salir”, “aquí no va a tener éxito”, “nadie va a dar apoyo”, “afuera nomás hay oportunidades, aquí no”.
¿Nos suenan?
Estas frases hacen referencia a nuestro país. A los sentimientos que la situación nacional despierta en las personas. Un panorama deprimente, donde para ser exitoso, hay que escapar, salir del callejón sin salida y encontrar oportunidades en otros países. Desde pequeños, hemos escuchado esas palabras, repetidas una y otra vez en distintos ámbitos: deporte, economía, negocios y emprendimientos, estudios, trabajo, arte y cultura, turismo. Parecería ser que en Bolivia nada tiene éxito. Ese es un fenómeno que solo está afuera.
Y no es que falte verdad. Hoy, el país está atrapado en un nudo, tenso y complicado; enmarañado entre intereses personales de autoridades y “líderes”. Está dividida por conceptos abstractos como raza, ideología o poder, y por algunos no tan abstractos, como dinero y posición. Los frutos de nuestra tierra son enviados a precio de regalo hacia otros destinos. El arte boliviano es despreciado hasta por sus propios compatriotas y la belleza de nuestro país es rápidamente consumida por los fuegos e inundaciones que la azotan.
Pero, aun así; incluso con todo esto en sus hombros, Bolivia todavía continúa. Porque detrás de las ardientes llamas y las mezquinas voluntades, Bolivia tiene a sus defensores. Estos pueden tomar distintas formas, pero están ahí, a la vista.
Tal vez los encontramos en las voces disidentes, en jóvenes dispuestos a detener todo un plan para salvar a los árboles que viven en su zona. Tal vez, también pueden ser los sabios abuelos que se niegan a salir en auto, prefiriendo la bicicleta, porque “así se hacia cuando yo era wawa”.
Los emprendedores que siguen abriendo empresas, que traen nueva tecnología e implementan técnicas innovadoras; incluso cuando los papeleos se hacen más complicados cada día. Visionarios que deciden establecer santuarios, refugios y centros de acogida para cuidar y preservar de nuestra fauna y flora. Los atletas que deciden vestir el rojo, amarillo y verde, dando todo de sí mismos por el país que los vio nacer. Personas incansables que despiertan al alba todos los días para vender productos naturales en ferias y mercados, manteniendo vivas las tradiciones gastronómicas del país.
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Y por supuesto, la indomable naturaleza que lucha con garras y dientes para sobrevivir. La eterna lluvia que limpia todo a su paso o esa florcilla que crece entre las grietas del pavimento, terca y encantadora. Lugares mágicos donde el suelo refleja los cielos y lagos tan altos que el sol navega en sus aguas. Montañas heladas, inquebrantables, donde nacen las más increíbles leyendas. El hogar de culturas milenarias, de antiguos conocimientos que todavía nos acompañan en las voces de nuestros antepasados.
Desde el norte de Pando, con su selva viva, tierra caliente y hermosa. La alegría y belleza de Santa Cruz y Beni, fuertes y resistentes. La elegancia de La Paz y Potosí, antiguas y sabias. El carácter único de Oruro con su cultura fiera. Chuquisaca, madre de la libertad en América y Tarija, la más bella de todas las damas. Cochabamba, corazón latente, dulce y sonriente.
Un solo país, tierra de los mil horizontes; general en la lucha libertaria y refugio de los necesitados. Esta es la belleza que se esconde detrás de los problemas. Más allá de las dificultades, de las peleas intrascendentes y de malos momentos, Bolivia tiene miles de bondades que aún ni siquiera conocemos, pero que debemos proteger, cuidar y descubrir.
No nos engañemos. Tenemos muchos desafíos y dificultades en el horizonte. No somos perfectos (ni de lejos). Pero somos bolivianos. Y es momento de que ese calificativo se convierta en sinónimo de orgullo y felicidad, no de vergüenza o decepción. Somos los hijos de un país único, rico y luchador. Los ritmos nacionales corren por nuestras venas, la cueca, la saya, la diablada y la chacarera laten al mismo tiempo que nuestros corazones y donde miremos, encontramos esa belleza resiliente, dura y altanera que Bolivia reserva para aquellos que saben verla.
Es nuestro trabajo sacarla a la luz, poner en alto el nombre del país y apreciar todo lo que llamamos “nuestro”. Solo hay un grupo de personas que puede hacerlo y somos nosotros; quienes vivimos aquí, quienes recordamos la calidez de nuestro hogar y no nos encogemos al decir nuestro origen.
El pasado seis de agosto recordamos 196 años de independencia. Hagamos que valgan. Mejoremos y apoyemos a Bolivia para que todos vean que es: Una Gran Nación.


























