Derechos de las mujeres entre avances y retrocesos
De acuerdo a una evaluación de la directora de la Oficina Jurídica para la Mujer, el reto mayor, en Bolivia, es incidir en los valores culturales patriarcales
Después de décadas de lucha de las mujeres por la igualdad de género, la justicia y el ejercicio de sus derechos civiles, sociales, políticos y económicos se pueden destacar varios logros, pero no se pueden desconocer algunos retrocesos y el largo camino todavía por recorrer para acabar con las desigualdades. Las estadísticas e informes, entre ellos sobre Bolivia, destacan la masiva incorporación femenina a la fuerza de trabajo en las últimas décadas, pero detrás de esas cifras se develan brechas aún no subsanadas sobre el salario, la calidad del empleo y las oportunidades que tienen las mujeres y los varones.
Las organizaciones y movimientos feministas realzan los avances logrados a lo largo de la historia, pero a la vez advierten que los principales temas que formaban parte del debate en los orígenes de las acciones por los derechos de las mujeres hoy siguen vigentes. “Son muchos los asuntos pendientes a pesar del ´espejismo de la igualdad´ y de los progresos que se han logrado en la defensa de los derechos de las mujeres”, menciona el portal digital Feminismos del siglo XXI. El artículo menciona entre los temas pendientes las relaciones económicas y laborales, la violencia en todas sus formas, la maternidad, los roles dentro la familia, el acceso a la educación, entre algunos temas.
En el caso de Bolivia, la directora de la Oficina Jurídica para la Mujer, Julieta Montaño, realizó una rememoración de los hitos del movimiento por los derechos de las mujeres en el país y un balance sobre la situación de éstos.
“La demanda de las mujeres por el reconocimiento de sus derechos y por respeto de su dignidad humana ha estado presente en todas las épocas de la historia, unas veces más visibilizada que otras. Desde finales de 1800 y principios de 1900, se hizo más visible y patente, cuando las mujeres empezaron a movilizar en La Paz por el tema del voto, de rechazo a la discriminación en razón de género y también de clase por el tipo de vestimenta que llevaban”, señala la destacada activista de los derechos de las mujeres.
Agregó que el toque decisivo fue la postura valiente que expresó Adela Zamudio, quien sin tapujos criticó a la sociedad de su época a la que calificó de hipócrita y falsa, y denuncio todas las formas de discriminación que se perpetran contra las mujeres, ese fue un estímulo para que muchas mujeres sigan en la línea de Adela Zamudio y posteriormente, no se puede negar, fue el impacto de la democracia.
La apertura democrática ha permitido a las mujeres reivindicar sus derechos con la autoridad moral de haber logrado y haber sido artífices de la recuperación de la democracia y, además, luego de haber tomado conciencia de que los hombres luchan contra las dictaduras que les afectan y demandan democracia, pero son totalmente reacios a ser democráticos en sus hogares, eso se constata en aquellos que se llenan la boca de un revolucionarismo o izquierdismo rampante, sin embargo, en sus hogares son dictadores.
Estos temas han permitido abrir más el debate y también los aportes que vienen del exterior, en el mundo hay una movilización global de las mujeres para luchar contra la discriminación y contra la violencia. Tal es la fuerza que ha tomado este movimiento de las mujeres que se aprobado la Convención sobre la eliminación de toda forma de discriminación a la mujer en las Naciones Unidas y en el Sistema Interamericano. Se aprobó la Convención para la prevención, erradicación y sanción de la violencia contra las mujeres, instrumentos jurídicos que han servido para que los Estados, y el caso de Bolivia, incorporen en la Constitución Política del Estado una serie de normas que están orientadas a luchar contra la violencia y discriminación de las mujeres.
BALANCE DE LOS AVANCES Y RETOS
Los derechos políticos, tal vez es en lo que más se ha avanzado en Bolivia desde el punto de vista de la directora de la Oficina Jurídica para la Mujer, debido a que éstos están reconocidos en la norma y “más o menos se cumplen”. “Lo que falla en el tema de la participación política, es que no se han podido frenar los resabios machistas, el que se considere que la presencia de las mujeres en las asambleas legislativas y en los cargos por elección, es para servir a los hombres y ser útiles a los intereses de los hombres”, mencionó Montaño.
Anotó que si bien hay presencia masiva de mujeres en la Asamblea Legislativa Plurinacional, pero no se escuchan voces de protesta contra las acciones de los “machos” que hay en el Legislativo. Son unas cuentas mujeres que alzan su voz, pero que por las mayoría son acalladas, lo mismo pasa en las Asambleas Legislativas Departamentales, la presencia de las mujeres no está marcando la diferencia como para que los intereses, experiencia y expectativas de las mujeres sean puestas en primer lugar para el debate y consideración.
La situación sería la misma en los concejos municipales donde se escuchan las voces de las mujeres, independientemente del color político, solo cuando salen airosas a defender a los jefes o algún jerarca de su partido político, pero nunca para pronunciarse realmente sobre los problemas que tienen las funcionarias de las entidades que forman parte o denunciar hechos que ocurren contra las mujeres y en los que el agresor es de su jefe de partido.
Otro derecho en el que también habría avances es el de la educación, debido a que hay un aumento en el ingreso y la permanencia de las mujeres en el sistema educativo.
El tema laboral es el peor, menciona Montaño, en el que los avances son mínimos. “Se tienen leyes simbólicas que cuando se las lee se ven grandes avances, pero el efecto que se tiene es contraproducente. Los derechos violentados o vulnerados de las mujeres no son denunciados por el temor al despido y como hay escasez de fuentes de trabajo y cada día es menor la oferta, tienen que aguantar todo. Las mujeres en la universidad, en las fábricas o en la administración pública son objeto de una serie de actos de discriminación y agresión, pero nadie reclama por ellas y éstas se ven obligadas a soportar porque están forzadas a contar con un salario, ya que son responsables únicas o corresponsables del sustento de sus familias.
“El reto mayor, que se tiene para adelante, es incidir en los valores culturales patriarcales, cambiar esas expresiones machistas que subsisten en la sociedad, porque sino incidimos en estos valores en lo público y en lo privado nunca se va dar el cambio de fondo que se espera. Así como se ha ganado se puede perder”, expresó.
“En el ejercicio de los derechos hombres y mujeres deben estar a la par, así como un hombre tiene derecho a la educación, trabajo y salud, las mujeres tienen exactamente los mismos derechos, el derecho a que reconozcan su dignidad humana. Otra cosa y que se confunde, es considerar la igualdad como sinónimo de identidad del otro, La igualdad es reconocernos en nuestra dignidad, pero obviamente existen diferencias físicas, culturas y otras, hombres y mujeres tienen sus diferencias, así como dentro de los hombres y mujeres hay una gran diversidad”, insistió la activista.
Según el informe “Trabajo Decente e Igualdad de Género”, en América Latina y el Caribe, la situación que enfrentan las mujeres en el empleo requiere afectar los sistemas estructurales en los que se funda la desigualdad y que las políticas públicas hacia el trabajo deben concurrir a la construcción de sociedades más inclusivas e igualitarias






















