El ingenioso mundo de Carlos Vera Vargas
“La resonancia de los estornudos fóticos y otros cuentos”, es una obra literaria para adolescentes del escritor Carlos Vera Vargas, que recientemente ganó el primer lugar en el Concurso de literatura para jóvenes auspiciado por la editorial La Hoguera, para su colección Puraletra.
Vera Vargas es un escritor boliviano con inclinación por la narrativa fantástica para niños y adolescentes; fue ganador de varios premios literarios a nivel nacional e internacional y es un escritor prolífico con una temática variada, multidimensional y muy ingeniosa.
La temática de su último libro ganador articula ciertos tipos de síndromes con la relación familiar y la convivencia cotidiana que está llena de preocupaciones y frustraciones.
Su narrativa es un divertimento extraordinario que refleja, desde el título, la creatividad para captar la atención de los niños y jóvenes lectores que, según Vera Vargas, es el público más crítico que existe.
El autor conversó con Los Tiempos sobre sus apreciaciones respecto de la literatura y el fomento a la lectura con el público infantil y juvenil.
—¿De que se trata esa simbiosis que presenta la obra?
—Esos cuatro relatos tienen su base argumentativa en cuatro síndromes poco conocidos, estos son el síndrome del estornudo fótico, el síndrome de la vejiga tímida o pauresis, el síndrome de los cabellos impeinables o “pelitrianguli et canaliculi” (pelo triangular acanalado) y finalmente el síndrome del manguito rotador.
Los protagonistas son adolescentes que en la convivencia cotidiana tienen que encarar experiencias en las que deben afrontar situaciones personales, familiares y sociales bastante conflictivas. La agilidad narrativa hace que se sucedan acontecimientos en los que se ven envueltos o comprometidos, seres con los que mantiene vínculos afectivos, emocionales y sentimentales muy intensos.
La tónica narrativa oscilante entre la nostalgia y el humor que aligera las situaciones dramáticas.
Los cuatro cuentos dicen algo que remite a la reflexión sobre la adolescencia. Un sutil detalle vincula los cuatro cuentos que significan un conjunto de sentimientos y síntomas que viven los personajes y quienes forman el entorno más próximo; vincula con intensidad diferente a quienes comparten tiempo y espacio.
—¿Qué criterios debe asumir un escritor para niños y adolescentes?
—No todo lo que se escribe es publicable, hay que darle un cierto rigor para garantizar la calidad, porque los niños y jóvenes necesitan aproximarse a los libros y, en lo posible, nuestras propuestas deben aportar para formar un hábito lector, que siempre les ayude cualesquiera que sean sus decisiones en la vida.
Insisto en que quienes escribimos para niños tenemos que esmerarnos en la calidad, al margen de que el niño maneje otros lenguajes por la tecnología (por la que no tengo ningún reparo pues es de lo mas democrático); ahora veo la cantidad de libros, textos a su disposición por la tecnología que lógicamente implican ciertos peligros, pero está la familia para orientar; además, eso hace que los padres estén pendientes de los hijos.
Hay que hacer una literatura de calidad. En el país tenemos escritores magníficos que lo que pretenden es justamente llegar a ese público lector para que pueda enamorarse de los libros. Esa es la clave, luego el niño, críticamente, sabrá elegir sus opciones.
—¿Qué se puede hacer para fomentar la lectura?
—No hay una sola clave pero sí algunos referentes importantes. Por ejemplo, pienso que debe leerse en la casa, que lean el papá y la mamá, incluso la señora que nos ayuda, todos; también son importantes intercambios de lecturas entre todos.
Otra opción es buscar libros con los niños y los jóvenes, preguntarles al menos qué les gustaría leer. Por otra parte, no hay que disociar la lectura de la apreciación de otras artes como pintura, escultura, danza, etc.
Algunos dicen que el libro es caro, pero me da la impresión de que es una respuesta muy cómoda, porque se puede optar por el intercambio; tal vez no sabemos pedir o no sabemos ofrecer. Estoy convencido que entre los profesionales circulan las últimas novedades literarias; los profesionales están en contacto con el mundo de la lectura, de la actividad científica y cultural; ellos son los portadores. Pienso que una posibilidad más, es el intercambio.
Y no hay que preocuparse de que el joven o niño no lea o lo haga esporádicamente, sino de lo que le podemos ofrecer para que lo haga frecuentemente.
En el mismo sentido, hay que formar a los maestros de tal manera que no lleguen a escolarizar, infantilizar o dogmatizar la lectura.
—¿Hay criterios para seleccionar lectura por edades?
—Todas las formas son válidas, puede haber una selección, incluso las recomendaciones se deben tomar en cuenta; además, es bueno buscar por autores recomendados, comentar las lecturas y socializar los comentarios con los demás, intercambiar las preferencias.
El público quiere algo que les atrape desde lo lúdico, desde el juego, que puede estar en las circunstancias de la misma lectura; no infantilizar, porque son lectores muy críticos y los subestimamos y lo que hay que hacer más bien es animarlos buscando las maneras más interesantes.





















