Barrio Manaco, progreso y memorias de dictaduras
Los actuales dirigentes de la OTB Manaco, en Quillacollo, recuerdan con nostalgia y entusiasmo sus enfrentamientos y negociaciones con los gobiernos de turno desde hace cinco décadas, y cómo las dictaduras los cercaban allí mismo con tanquetas pretendiendo someter la resistencia de uno de los sindicatos más poderosos después del de los mineros: los de la fábrica de calzados Manaco.
El barrio Manaco, en Quillacollo, debe su nombre a una de las más antiguas fábricas de zapatos del país, dependiente de la transnacional checa Bata, que, en su momento, no tuvo competencia alguna y albergaba a casi 1.500 trabajadores cuyo poder y organización sindical enfrentó a las dictaduras y convenció a las democracias.
Ubicado en la zona sur de Quillacollo, el barrio Manaco es el único que fue creado con un criterio de planificación, se organizó de manera colegiada, fue el primero que adoquinó sus calles, instaló sus servicios básicos y fue el primer barrio fabril del departamento. Hace poco fue declarado barrio residencial.
Sus calles rectas y cuadriculadas aún conservan en algunas casas el modelo original con el que se construyeron: una planta, tres dormitorios y patio delantero y trasero. Aquellas que no han modificado sus niveles para levantar construcciones de otro tipo, conservan aún arbolitos sobre la acera frente a la puerta de entrada.
Personalidades
De este barrio, surgieron alcaldes, diputados y otras personalidades, entre las cuales destacan los ex alcaldes Jorge Beltrán y Max Fuentes, además del ex general de Ejército Guido Sandoval. El mismo fundador de la Confederación de Trabajadores Fabriles, que además fue diputado por Quillacollo, también es ex trabajador de Manaco y vecino del barrio.
Algunos vecinos consideran que el sindicato de Manaco era el mayor baluarte que tenía Quillacollo. Prácticamente dirigió sus destinos, hasta 1985 cuando llegó el 21060.
Como el próximo 7 de agosto el barrio cumple 52 años de vida, sus dirigentes, ex trabajadores de Manaco, decidieron pedir que, en el marco de la calificación de zona residencial que merecieron, les pavimenten las calles adoquinadas que se han ido deteriorando, se mejore el servicio de agua potable, alcantarillado y alumbrado público y se repare la calle por donde pasa la entrada por la fiesta de Urkupiña.
Era un bosque amurallado
Los terrenos sobre los que se asienta el barrio Manaco pertenecieron en la década de los 40 a la importadora Casa Grace y fueron comprados por intermedio del dirigente minero Juan Lechín, con dinero de la empresa y un fondo que tenían los trabajadores por la venta de zapatos. Era un gran bosque, lleno de pastizales, y árboles de molles, eucaliptos y pinos que por ser propiedad privada se encontraba amurallado y tenía una rejilla para ingresar.
Después vino la construcción de las primeras 40 casitas que las vendieron a sus ex trabajadores a costos bajos y en cuotas. Los primeros beneficiarios fueron los más antiguos.
Roberto Escóbar recuerda que cuando tenía unos 13 años, todos hablaban de las casitas, estas ya estaban listas y su familia ya tenía asignado el número de vivienda. O sea que buscó, encontró la casa y se entró solo a jugar canicas, a manera de estrenarla.
Hasta allí llegaban los represores de las dictaduras, preferentemente a la hora de almuerzo para sacar a culatazo limpio de los dirigentes más combativos y visibles.




























