Lo pequeño es bello, con buen gobierno
Lejos de la carrera de caballos pura sangre y de otros cuarterones latinoamericanos, está el ‘sunicho’ boliviano. ¿Será que ni siquiera es parte de los remezones de la economía mundial?
No soy economista. Tampoco me gusta citar nombres por aquí y por allá para fingir una sapiencia que no tengo. Confieso que pataleé con Samuelson al iniciar una licenciatura multidisciplinaria. Mejor lo hice informándome con Galbraith, Polanyi y Wright Mills. Ya en el posgrado, Firouz Vakil, un doctorado iraní que remarcaba que los persas no son árabes, me embutió teorías de desarrollo económico. Me familiaricé con Baran y Stavenhagen. Aún conservo mi ponencia sobre la tragicomedia de instalar una refinadora de estaño en Bolivia, que me hizo saber de Zaleski y “El poder y la caída” de Almaraz. Obtuve una “A”.
Me impresionó Chayanov, purgado con otros millones de soviéticos por el sanguinario dictador Stalin. Arribó a la simple conclusión de que los campesinos desafían las leyes y ecuaciones con las cuales la Economía pretende ser ciencia, por la sencilla razón de que no toman en cuenta su trabajo. Simplemente se aprietan el cinturón si pierden, que los eternos ganadores son los intermediarios comerciantes en el cómputo de factores de producción que hacen lucrativa o perdidosa una inversión agropecuaria. Ya afuera de la torre de marfil universitaria, me gustó Revel y la culta escuela francesa que se desmarcaba de Marx y de Jesús. Hasta que Popper y Hayek, más tres agudos latinoamericanos, me vacunaron contra la idiotez.
Tanto palabrerío para aseverar que si alguien no lo dijo, lo digo yo. La frase en inglés “small is beautiful” permite abordar lo relativo de los clarines con que el Gobierno alardea de un supuesto milagro económico en Bolivia. Atribuible, ‘por supollo’ (como una de mis hijas dice “por supuesto”) a SuperLucho y otro salvador de la patria que cosecha una veintena de doctorados honoris causa. No es solamente Bolivia. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo otrora demonizado por ser parte del aborrecido “imperio” pero que hoy se cita por conveniencia, las economías de Chile, Colombia y Perú también crecerán en medio de la “recesión más larga desde la década de 1980” en América Latina, dice el Financial Times.
Brasil y México constituyen casi el 58 por ciento de la producción económica de América Latina y el Caribe. En términos de tamaño, dejemos a México, con la bendición de ser vecino de Estados Unidos a pesar de la maldición de Porfirio Díaz, dictador que decía “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Bueno, quizá se refería a que el país de charros perdió Texas y la mitad de su heredad territorial a su vecino del norte. Tomemos en cuenta solo Brasil, con el cual compartimos la más extensa frontera. Andino-céntrica que es Bolivia, nuestro Texas fue el Acre y también hemos sufrido tarascadas del país de las mulatas cimbreantes.
Rondonia es 13° entre los 27 Estados de Brasil, pequeñín de 238.512 km2, no llega al 3 por ciento del territorio brasileño.
Tiene sólo 0,56 por ciento del PIB nacional brasileño de 2.416 trillones de dólares, y 11,7 por ciento del PIB de la región Norte (los Estados de Acre, Amapá, Amazonas, Rondonia, Roraima, Pará y Tocantins). Sin embargo, es tercero en índice de desarrollo humano, segundo en PIB per cápita, segundo en baja mortalidad infantil y tercero en tasa de analfabetismo entre los Estados del Norte y Nordeste. Tiene la menor incidencia de pobreza y es cuarto en la mejor distribución del ingreso en Brasil.
¿Es Rondonia un Estado industrial? No, es extractivista, como hasta el mago de que en 20 años estaríamos a nivel de Suiza, García Linera, reconoce que es Bolivia. Ah, entonces es un Estado rico y su PIB debe ser superior al boliviano. No, su PIB en 2012 fue 29.362 millones de Reais ($7.335 millones de dólares). El PIB boliviano en el mismo año fue $22.964 millones de dólares. O sea, el PIB de Rondonia es más de tres veces menor que el PIB boliviano.
¿Cuál es la diferencia que hace a Rondonia tan notable en sus indicadores? Aparte de enrostrarnos lo pequeño que es Bolivia comparada al vecino Brasil, creo que es el buen gobierno. Por eso, votaré por el No en el referendo de febrero.
No es una elección nacional, porque el actual Gobierno continuará por otros cuatro años, tal vez con mayor saña. Sin embargo, ojalá se frene el capricho constitucional de pretender Evo Morales una re-re-reelección cambiando su propia Carta Magna, así tuviera un Plan B para continuar en el poder. Aunque a veces me pica que se salga con la suya sólo para verle gobernar en tiempos de vacas flacas.
Ya Brasil y Argentina, contraídos, buscan cinco pies al gato en los precios de nuestro gas natural. ¿Cómo reaccionarán quienes hoy, gracias a la coyuntura de precios altos de materias primas y el auge de la pichicata, se sirven un pique macho?
Tendrán que volver al ají de fideos sin carne. Menos mal, diría Chayanov, que la mayoría son estoicos labradores de la tierra que se apretarán el cinturón.
O sea, que lejos de la carrera de caballos pura sangre y de otros cuarterones latinoamericanos, está el ‘sunicho’ boliviano.
¿Será que ni siquiera es parte de los remezones de la economía mundial? Lo claro es este Gobierno prorroguista desperdició la mejor coyuntura económica de la historia: ¿de qué milagro alardean?
Lo pequeño es bello, pero con buen gobierno.
El autor es antropólogo.
Columnas de Agustín Zelada Castedo




















