Guerra Fría
Llevamos 72 años en la Guerra Fría. Hubo un interludio con los Gobiernos de Gorbachov y de Yeltsin, cuando se desintegró la Unión Soviética. ¿Por qué se desintegró? En primer lugar por el crecimiento del nacionalismo. Resulta que la Unión Soviética puso empeño en ser una gran nación plurinacional, que efectivamente funcionó durante décadas, aunque mal aparejada en cuanto a nacionalidades. Pero finalmente el nacionalismo cobró más fuerza por el mismo debilitamiento de la ideología marxista.
Hasta los rusos quisieron una Rusia bien rusa y apoyaron la desintegración de su imperio. Confiaron en los occidentales; que sin comunismo que militase tendrían paz y comprensión. Los occidentales les hicieron creer que así sería. Y los rusos creyeron en la buena fe. Luego descubrieron que dieron la mano y que les agarraron su brazo hasta el codo, para tratar de dominarlos.
La segunda causa de la desintegración de la Unión Soviética fue económica. Gastaron demasiado en defensa. Tuvieron un ejército poderoso, pero su economía no aguantó ese gasto en tiempos de paz.
Veamos proporciones sin precisiones numéricas. Actualmente Rusia gasta cosa del 2,5 por ciento de su producto bruto en defensa; Estados Unidos gasta el 5 por ciento. Esto da un margen de ahorro a los rusos para que reinviertan en su economía. Por el contrario, Estados Unidos tiene tal nivel de importaciones, que no ahorra. Pero hasta que Rusia pase del segundo mundo al primero, puede transcurrir demasiado tiempo para que lo veamos, aunque admito que soy un pesimista crónico.
Estados Unidos y sus socios de la OTAN persisten en la guerra fría. Veamos un ejemplo. El 9 de mayo de este año los rusos y sus aliados ex-soviéticos excepto Ucrania tuvieron sus tradicionales desfiles de la victoria en la Segunda Guerra Mundial. En San Petersburgo debía haber una maniobra de barcos de guerra a la vista de la ciudad, pero se canceló. A la madrugada cargaron en los navíos las municiones de todo tipo y zarparon con prisa internándose en el Golfo de Botnia, al fondo del cual está la ciudad que fundó Pedro el Grande. A ambas márgenes del golfo de Botnia están Finlandia y Estonia, país éste que actualmente está en la OTAN.
Resulta que un barco americano, bien pertrechado de misiles, ingresó en el mar Báltico. Desde allí podía disparar hacia una base rusa en Petersburgo. ¿Suena a disparate, no es cierto? Pero el almirantazgo ruso no estaba para disparates. Era preciso que los barcos estuviesen por lo menos 25 kilómetros mar adentro para que sus cohetes tuviesen posibilidad de derribar a cohetes atacantes dirigidos hacia la ciudad.
Pocas semanas antes, barcos americanos navegando en el Mediterráneo habían enviado cohetes hacia una base aérea del Gobierno sirio. De más de una cincuentena de cohetes americanos, la mitad fueron derribados en su trayecto por cohetes antimisiles rusos. En derecho, los americanos atacaron al ejército sirio sin previa declaración de guerra, pero el Gobierno sirio pasó el asunto con una simple protesta. De ahí que los rusos pensasen que el barco americano en el Báltico pudiese repetir el golpe, confiando en que ellos no declararían la guerra. Pero no pasó nada; simplemente fue un sofocón la cancelación de las maniobras a la vista de la ciudadanía de San Petersburgo.
El autor es escritor.
Columnas de BERNARDO ELLEFSEN
















