Inocentadas, “lineradas” y “evadas”
Ayer fue jornada en que los bolivianos hacemos inocentadas. Evocaré emails que inducen “pepas” que hacen real la versión de ================Mack the Knife================ que Rubén Blades canta tan bien: “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”.
Uno daba cuenta que para imbuir a sus bases cocaleras del valor de la dupla del obtuso y el sabihondo, el locuaz había declarado que él y el Vice eran pareja. No faltó el analista (yo no fui) que leyó una connotación sexual en la cosa. Se habló del posible divorcio de Claudia. De lágrimas de cocodrilo de la Zapata (saurios que lloran con la presa en la panza), porque salió del closet uno que se creía machote.
El Vice sermoneó a las bachilleres que “un varón nunca dice la verdad a una mujer, créanme lo que les digo, soy varón”. Tal vez alguna Liga pedirá al Vice que aclare el asunto. El ‘jefazo’ le increpó por abrir ojos y cerrar piernas de pastelitos que aumentarían las que según rumores conocen el catre presidencial. De seguro, al llegar a casa su esposa le pidió cuentas a Pocholo.
Encima, se añadió a las “lineradas” la de la industrialización del litio, “que marcará la transformación de la estructura económica del país”, dijo. Sí, anotó un escéptico, al cabo estamos casi al nivel de Suiza, con un satélite sobrevaluado que quita el sueño a la NASA y el gas natural que hizo a Bolivia el nodo energético del Sudamérica; para no hablar del hierro del Mutún, esa cuenca del Ruhr nacional de dinastías acereras, digo cocaleras, que fabrican cañones como los Krupp teutones.
En vista de la terquedad de médicos, bioquímicos y farmacéuticos, el Gobierno publicará folletos, con figuritas y todo. Algunos títulos son: “La coca triturada sirve para el dolor de muelas”; “La cura cubana del cáncer de próstata”; “El ‘andréshuaylla’ y la hernia de disco”; “Sostenes de hoja de coca y quistes de mama”; “Sahumerios que convierten fracturas en polvo blanco”; “Cómo tratar apendicitis con ‘milluchadas’”; “El olor de patas sana con coca y ácido”; “Evite la diálisis con pomada de vinchuca”; “La coca cura las tetillas irritadas”.
Aunque sea consuelo de tontos, nuestro mal es compartido por otros países. La versión estadounidense de las “evadas” son las “trumpadas”, que algunos culpan a su bisoñé cada vez más colorinche. Luego de meter las cuatro sobre Jerusalem, Seúl, Tokio y Beijing están preocupados de un abrazo con el obeso de Pyongyang. Las acosadas en Hollywood temen los deseos de fin de año de muchas metidas de mano entre Trump y el alcalde de Santa Cruz de la Sierra.
En el siglo pasado, ¿qué pasó en Checoslovaquia, Yugoslavia y la Unión Soviética? Muchos estaban ojo al charque con lo que pasaba hace poco en Cataluña. Menos mal que la gran ganadora es una bella nacida andaluza, que ojalá escuche las sabias palabras del cantautor Joaquín Sabina de la tontería de desear una patria chica habiendo una grande. Pero existen focos de separatismo en el País Vasco, Aragón, Castilla, Andalucía, Valencia, Galicia y otros. ¿Repartirá tierras otra vez Londres, para aplacar a los escoceses? ¿Qué tal más ñoquis para el norte italiano? ¿Qué mantiene unidos a flamencos y valones en Bélgica?
En nuestro hemisferio hubo repúblicas en California o Texas, patrañas para que al final EE.UU tarascase la mitad de México y aprovechase de repúblicas banana en su patio trasero: el tigre se cebaba con ser imperial; en Suramérica su geopolítica empezó con la movida para escindir Panamá de Colombia. Guayaquil no quiere saber de Quito en Ecuador. Algo tuvo que ver la pérfida Albión y la América hispana dividida en varios Estados y Brasil comiéndose la mitad continental. En Bolivia, inocentada ilusa es eso de la Nación Camba; la autonomía parece ser una inocentada centralista paceña. Por mi parte, yo prefiero ser amazónico de bandera tricolor que aymara de wiphala.
El autor es antropólogo
Columnas de WINSTON ESTREMADOIRO

















