Académicos y pasajeros
Dos evidencias, probadas por video y grabación, de abusos de poder de insultos y de expresiones que, de sólo oírlas, ponen la piel de gallina.
Dos hechos juntos que se revelan en condiciones y circunstancias totalmente distintas y sin embargo el lenguaje es el mismo. Lenguaje de abuso, de disminución de la humanidad del asaltado, de insulto gratuito.
Ninguno de los casos es perdonable, de hecho, ambos son sancionables como crímenes de lesa humanidad, como deben ser clasificados todos los casos de violencia contra la mujer. Una señora en un autobús lanza epítetos hirientes e insalubres. Su familia salta a la palestra y pide perdón a la sociedad, en general, y a la agredida, en particular. La señora en cuestión sufre de un problema psíquico de bipolaridad. Algo totalmente fuera de control racional y, en última instancia, entendible pero jamás justificable. Nada justifica el abuso ni la segregación.
El otro caso es más brutal, no por ser más agresivo o más violento, por que proviene de un hombre que supuestamente está a cargo de la generación de ideas, de la educación de nuestros hijos e hijas, de nuestras generaciones venideras. Y este individuo es capaz de manifestar su violencia racial dentro de un aula académica.
Este individuo no sólo debería estar fuera de la universidad, ipso facto, sino que las sanciones deberían hacerse sentir con toda la fuerza de la ley.
Nada justifica el racismo ni el sexismo, nada justifica la violencia verbal o física. Tenemos leyes que, si se violan, se actúa de inmediato. De la misma manera que al abusador se le condena, al racista y al sexista se le condena.
Columnas de CARLOS F. TORANZOS



















