Fuego e imposturas
Más allá de que se puede conceder que los fuegos que arrasan parte del corazón de Sudamérica no pueden ser exclusivamente achacables a la(s) gestión(es) gubernamental(es), tenemos un año extremadamente seco, tenemos un calentamiento global que sí existe y tenemos un historial de grandes fuegos en la región. Sin mencionar la cultura del chaqueo, que por lo visto era eficiente, y casi necesaria en otros tiempos. Tenemos, además, una Pachamama muy “caprichosa”, y además brutal a la hora de atacar inclusive a quienes la adoran con devoción.
El problema, sin embargo, es que el Gobierno no ha dado las señales adecuadas para hacer sentir a la población que verdaderamente se está haciendo “todo” lo posible para controlar el fuego, independientemente que esos esfuerzos fueran vanos y no hubieran podido ayudar grandemente.
El rechazo a declarar zona de desastre a Bolivia puede tener algunos argumentos válidos, pero la forma como ha sido planteado es simplemente inaceptable.
Pese a la bonanza de los últimos 15 años, pese a los precios altos de nuestros minerales y del gas, pese a la renegociación de los contratos, llamada nacionalización, el nuestro sigue siendo un país extraordinariamente pobre, sigue en la cola de los países pobres de Sudamérica, y realmente necesita pedir ayuda.
Es difícil para el ciudadano común entender la negativa de declarar zona de desastre para recibir la mayor ayuda posible, de cualquier índole. Y es mucho menos entendible la lógica del Primer Mandatario que dijo todo está bajo control, que no se necesita ayuda, pero que no se podrá apagar el fuego y que habrá que evacuar.
Por el otro lado, están las normas dictadas por el Gobierno, que en estos tiempos de sequía y calentamiento global han puesto en mayor peligro, han dado una mayor vulnerabilidad a las zonas aledañas a los chaqueos. Ese es un buen ejemplo de un mal manejo de las políticas ambientales que tiene el Gobierno, y no es casual que el Ministro de Medio Ambiente no esté en primera línea informando a la población.
Este invierno de nuestra amargura chiquitana, está chamuscando también una parte de la imagen del inefable JiliriIrpiri, don Evo Morales, en parte porque sus poses haciendo que apaga el fuego, no han podido convencer a nadie, y más bien lo han convertido en un hazmerreír (¿cómo se les ocurrió mandarle confeccionar un traje antillamas con los colores del MAS? Casi parece esa la acción de un infiltrado antievista).
La propuesta de suspender la campaña electoral ha sido un acto de viveza criolla, puesto que implicaba obligar a las otras fuerzas políticas a replegarse, mientras la ilegal del oficialismo seguía sin inmutarse desde los ministerios, profitando de la extrema exposición, ya empalagosa, de la imagen del Primer Mandatario.
El tema del fuego, y las razones de por qué fue atacado este flagelo de la manera en que se hizo, debe ser debatido al más alto nivel. Llama la atención ( aunque no tanto), que el Presidente no se atreva a hacerlo.
La catástrofe en la Chiquitania ha puesto en evidencia la enorme impostura del Gobierno respecto al respeto de la Madre Tierra. No es la única impostura del Gobierno, estas suman y siguen...}
Pienso en la gran propaganda estatal respecto a la erradicación del analfabetismo y me pregunto, ¿por qué no se puede ahorrar en las hojas electorales y hacer que los electores escriban los nombres de sus candidatos, en un papel blanco, bien sellado, identificado, y con las seguridades del caso?
Estos 13 años han sido años de tremenda impostura, la lista es larguísima. ¿Estará la población con el ánimo de castigar ese comportamiento?
El autor es operador de turismo.
Columnas de AGUSTÍN ECHALAR ASCARRUNZ





















