Romper el silencio
Zaguardúa @zagardua2314
Es probable que, después de más de cuatro décadas de heridas abiertas, sea el silencio uno de los efectos postraumáticos más profundos que nos legaron los años de plomo.
“No te metás”, rezaba el terror disfrazado de prudencia por entonces y ahora.
Mucha agua pasó bajo el puente desde aquella oscuridad y ya no somos los mismos aunque, en nuestra malograda psicología, las palizas recibidas de chicos muestran mella en esta sociedad surcada por las crisis y los traumas.
Somos adultos que crecimos como pudimos, desordenados. Quizás esa orfandad afectiva fue la que hizo que un sector del colectivo se volviese más permeable a la dominación cultural, al discurso único y reivindicativo, adorador de fantasmas que, con el tiempo, desarrollaron capa tras capa, las virtudes que en vida no tuvieron.
Vivamos apellidos y veneramos a la estirpe, como si los dones fuesen genéticos. Aunque portamos el silencio en nuestro ADN, nuestra canción máxima advierte a las naciones del grito sagrado que no terminamos de sacar del pecho, mientras buscamos a ciegas los perdidos laureles.
Fieles a nuestro desorden y rebeldía adolescente, hemos aprendido a romper casi todo, menos el silencio.
Aprendimos gustosos a hacer lío, alentados por el dogma pero sin poder interpretar el verdadero desafío de las segundas lecturas, simplemente porque no somos capaces de ellas. Por temor a romper el hechizo, todavía hablamos bajo y nos horrorizamos en silencio frente a los embates que sufre esta delicada democracia que, en sus extremos ideológicos, sigue los mismos vicios que nos traumaron décadas atrás.
Los fantasmas rentados son arduos. El enfrentamiento de ideas y un adoctrinamiento hábil y sistemático, nos hicieron empezar a romper todo: Rompimos lazos de amistad, de familia. Rompimos la iniciativa, las ganas, la fuerza emprendedora, para no dar beneficios a uno u otro bando. Rompimos la ley, porque vale todo. Rompimos lo sagrado, más positivistas que Comte cuando la ventaja lo requiere, pero aferrados al esoterismo a la hora de evaluar responsabilidades. Rompimos la economía. Rompimos la cuarentena.
Tal vez sea hora de romper el silencio frente tanto avasallamiento.
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