El candado y las llaves
El voto fundamentalista es la peor amenaza para una democracia en vías de desarrollo. Al 30% “duro” del MAS, se suma el 13% de Creemos y el 3% del Frente Para la Victoria. Es un voto programado para defender lo indefendible. Inútil razonar con sus electores. La política, para ellos, es cuestión de fe; y la fe, por excelente que fuese, es irracional. Exije creer lo que no se puede comprobar, saltar al vacío cerrando los ojos y sin pensar en las consecuencias.
Yo, que no paso de ser “pendenciero con la pluma”, cuestiono –olvidando mi “pedigrí rojo”, se queja un amigo– al “virtuoso proceso de cambio” que transformó Bolivia en la “Suiza andina”. Fábula. Los indicadores económicos prueban que el país sigue siendo el más pobre de la región. Crecieron el circuito coca-cocaína, la corrupción, la ineficiencia, el despilfarro y el surrealismo “mazista” hasta el disparate.
No ofrezco nada nuevo parafraseando a Felipe Quispe, el Mallku. Un “mazi” puede dejar de creer en la Pachamama pero no en el "hermano" mayor, ya que no come, “no duerme, no puede vivir sin Evo Morales”. “Recuperar la patria”, arenga el economista Luis Arce a su minoría violenta, aceptando ¡“el resultado de las encuestas”! Intentaron redimir el mar y ya vieron cómo nos fue a todos. Mejor que recobren el sueño y la cordura.
¿Evo de nuevo?... El MAS tiene el candado del pasado y el pueblo las llaves del futuro
Luis Fernando Camacho y Chi Hyun Chung, en su juego de compadres, continúan vagando por los mismos laberintos de lo inexplicable. Su religión y su visión, aunque se desafíen, son similares. Llevan, igual que los fariseos, la Biblia en la boca, no en el corazón. Además, la Constitución Política del Estado establece que “El Estado es independiente de la religión” (Art. 4). No nos cansen con sus jeremiadas.
Luis Fernando Camacho es inmaduro, ambicioso y regionalista. Ganará Santa Cruz y perderá Bolivia. En el futuro, igual que Tuto Quiroga, recibirá el voto castigo por dividir la democrática oposición al partido más autoritario y corrupto de la historia republicana. Concuerdo, a mi pesar, con ciertos “mazis” que identifican a Camacho como un riesgo para el país. El elector, que antaño optó por el MAS, ha aprendido que el arrepentimiento tardío no borra los errores pasados.
Sufragar por Camacho es un voto “valiente”, impulsivo, inoportuno… suicida. El 21F y en las anteriores elecciones fraudulentas, Santa Cruz, la bella tierra hospitalaria del majadito, Gabriel René Moreno, Gladys Moreno y Óscar Urenda, enseñaron que la unidad es el camino. Admiro y acepto ese liderazgo: hay que detener a Camacho.
Chi Hyun Chung sólo merece una inquisición (de inquirir, para los maliciosos). “Un gobierno moral de Dios”, plantea, y “Las Vegas sin promiscuidad”. ¿Hay gobiernos inmorales de Dios?
El fanatismo que inspiran Camacho y Chung deteriora la democracia. Ninguno merece que sus partidarios lo defiendan con uñas y mugre. “Tu candidato no te conoce –elucubra Licopodio Villazón– no sabe quien eres, no sos su amigo: sólo le sirves”. Añado que el país no va a cambiar con ninguna elección. El verdadero cambio empieza cuando nos miramos en el espejo. ¿Nos gusta lo que vemos? Hay que atrevernos a ser lo que queremos ver.
Más que el futuro, la memoria colectiva está en riesgo en esta elección. Evitar el control del pasado es axial en el presente. En sociedades acríticas, el porvenir –paradoja de la postmodernidad– se construye por un imaginario pasado sobre valores del mismo. El presente no sirve, el futuro menos. Rectifico. El presente deviene en oportunidad perdida donde el pasado imaginado vuelve para cuajar en un mañana perpetuo que–el círculo se cierra– nunca dejará de ser obsoleto. Por eso, Evo Morales, disfrazado de “indio”, y a pesar de sus taras, imposturas y procesos penales, continúa vigente en la política boliviana de 500 años de victimización. Fraude y regresión a tiempos del MedioEvo.
El arte de la política consiste en construir algo nuevo, no maquillarse con gorrita, citas bíblicas, homofobia y mucho menos restaurar un proceso de cambio incoherente, cínico y viejo: turbio.
En una semana el pueblo va a decidir en las urnas. Tiene las llaves para abrir el candado de un pasado engañoso y decidir un futuro diferente. Caso contrario, Wálter Benjamin lo previno en otro contexto: “... tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence...”. Vale.
El autor es economista y filósofo
Columnas de GUSTAVO V. GARCÍA
















