Con el 13%
Cuando tenía 19 años, Keiko fue designada como primera dama del Perú. Su padre, Alberto Fujimori, acababa de divorciarse de su madre y se había abierto una vacante. La joven pasó a ser parte del ceremonial del Estado. Hoy podría ser presidente de su país con 46 años cumplidos.
Lo curioso del caso es que la hija presidente lo sería cuando su partido y su figura se encuentran en franco declive. En 2011, su primer ensayo, obtuvo el 23% de los votos y pasó a la segunda vuelta. Fue derrotada por Ollanta Humala. En 2016, su luz ascendió aún más, estuvo cerca del 40% y en primer lugar. En la segunda vuelta fue derrotada por Pedro Pablo Kuczynski. Luego llegó para ella el infierno. Ingresó a prisión, acusada de haber recibido dinero de Oderbrecht para su campaña. En medio de esos litigios legales, Keiko Fujimori volvió a las correrías electorales. Este año obtuvo su peor porcentaje, 13%.
La dispersión del voto la ha puesto ya no en primer lugar como los anteriores comicios, pero sí en segundo, como en 2011. Y sin embargo ahora sí puede ganar en segunda vuelta.
Keiko Fujimori puede ser la próxima presidente del Perú porque su contendor sorpresa, el profesor Pedro Castillo, milita en la izquierda radical. Así, el Perú regresará a los tiempos de la Guerra Fría, en los que el dilema era "libertad o comunismo". El operativo para demoler simbólicamente a Castillo ya ha comenzado. Desde Lima se ha dicho que tiene lazos con Sendero Luminoso (grupo armado extinto), que es marxista-leninista-mariateguista, que quiere una nueva Constitución con asamblea constituyente incluida y que aspira a que todo sea propiedad del Estado. Las primeras palabras de Keiko fueron en esa dirección. Dijo que su partido nació para combatir al populismo y a la extrema izquierda. También ofreció su mano a Hermando de Soto. También se la extenderá a Rafael López Aliaga, la carta del clericalismo y la moral ascética. Y así, sin que nadie lo haya notado mucho, el Fujimorismo regresará, esta vez, en los hombros de quienes lo odiaron con toda su pluma, como Vargas Llosa y otros vitales portavoces del ideal liberal.
Para las otras izquierdas que no son Castillo, el dilema está servido. ¿Se atreverán a respaldar al profe en medio de la campaña en su contra?
En el Perú, jugar a la Guerra Fría se llama “terruqueo”. Consiste en denostar a alguien atribuyéndole nexos con Sendero. Castillo tiene el enorme desafío de convertirse aceleradamente en Ollanta Humala a fin de activar el anti fujimorismo. La verdad, nada es fácil en el Perú de hoy. menos después del 11 de abril.
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