La tercera ola está aquí
La anunciada e inevitable tercera ola de contagios de Covid-19 ha llegado antes de lo esperado y, como es previsible en nuestro país, reaccionaremos solo empujados por la urgencia, pues parece que somos poco hábiles para aprender, en este caso, de la experiencia de lo vivido desde hace 13 meses.
Y tendríamos que modificar con cierta urgencia este patrón de conducta, pues sus consecuencias van a perjudicarnos, aún más, en el mediano y largo plazo.
Las alertas sobre la llegada de la tercera ola de la pandemia se encendieron hace más de un mes, en Santa Cruz, Beni y Pando, debido a lo que entonces era solo una de la presencia de una variante más contagiosa y letal del coronavirus SARS-Cov-2.
Ahora tenemos más de una variante circulando en el país, el colapso de los sistemas de salud es inminente, los contratos del personal de salud reclutado para atender la avalancha de casos de la segunda ola están por vencerse y buena parte de la población se conduce como si la pandemia fuera cosa del pasado, o el riesgo fuera menor.
Hemos sido capaces de soportar, o hacer, campañas electorales durante semanas, y de concurrir a las urnas para elegir a nuestras autoridades departamentales sin que ello tenga consecuencias significativas en el aumento de los contagios. Pero somos incapaces de internalizar que la pandemia está muy activa y, aunque su ímpetu disminuya por periodos, parecería que es solo para azotar luego con más fuerza.
Ocurre en todo el mundo: en Brasil, la pandemia está fuera de control y hasta Chile, un ejemplo de eficacia en administrar vacunas, enfrenta otra vez problemas por el elevado número de contagios. Lo mismo pasa en el resto de vecinos: Argentina, Perú y Paraguay.
El arribo de una nueva ola no ocurre de un día al otro, aunque el juicio que tengan al respecto las autoridades de salud cambie entre viernes y lunes, de “probablemente se pueda adelantar” a “ya comenzó el tercer rebrote”.
Aunque esas autoridades, las de todas las instancias del Estado, son responsables de la salud de la población y se espera de ellas un desempeño eficiente y eficaz de sus funciones, cada uno de los bolivianos es también responsable de los riesgos de contagio a los que se expone y expone a su entorno. Y en ese aspecto hay tanto que reprochar a aquellas como a muchísimos ciudadanos cuya conducta es claramente inconsciente, como ocurrió con esa familia que hace unas semanas celebró una fiesta de cumpleaños en un condominio de Santa Cruz provocando un foco de infección que afectó a una docena de personas.
La emergencia de hace un año se repitió en diciembre, en enero y comienza ahora, al parecer peor. Es una historia que no va a terminarse pronto y tuviéramos que cambiar antes de que el contagio nos alcance.
















