La fábula del señor Tomate
Mi exeditor en Los Tiempos me dijo que la noticia tiene una vida de siete días, así de cortita, de joven, de efímera, de inmadura, generalmente. Tenía razón.
Pero claro, hay excepciones. Una de ellas es la del señor Tomate, alias el Falso cura, quien, luego de cometer un acto de malacrianza, fruto de su fanatismo ideológico, se aventuró a una segunda hazaña: inventar una historia de violencia física en su contra apareciendo ensangrentado con una fábula fabulosa bajo la axila.
El caballero del tomate, alias el Falso cura, fue malinterpretado por los profesionales de la información del Canal 7, quienes tergiversaron la propia historia de la fuente, es decir, del señor Tomate.
Ese desliz hizo que la noticia no alcanzara la madurez esperada y se muriera a los cinco días.
Un error de prensa mató la historia que parecía ser la punta del tomate, digo del ovillo, de lo que pudo ser el inicio de una tormentosa y perseguida gestión del Bombón cochabambino.
Que la anécdota sirva como caso de estudio de primer año de periodismo: se debe enseñar a los periodistas a no prestarse a jugarretas políticas, a no inventar cosillas y, especialmente, a no confundir hombre que baja de una vagoneta dorada, con motoqueros.
Imprescindible también enseñarles a dar seguimiento a los hechos, por muy fabulosos que suenen y se vean, quizá así, en este caso, se descubría que la noticia no era el matrimonio sino el hundimiento del barco (los periodistas me comprenderán).
La autora es comunicadora social
Columnas de MÓNICA OLMOS



















