Periodismo y derechos humanos son inseparables
Dos certezas: 1. Periodismo y derechos humanos son elementos centrales para la consolidación del sistema democrático. Siempre existe una relación positiva y dinámica entre derechos humanos y medios de comunicación.
La función social que desempeñan los medios los coloca directamente ante las necesidades y demandas de los ciudadanos. La prensa juega un papel mediador entre la ciudadanía y el cumplimiento de sus derechos: el primero de ellos, el derecho a la información. Precisamente en el ejercicio de ese derecho, la ciudadanía se expresa, denuncia, interpela, pide y exige que se la atienda.
La función periodística es un servicio hacia la sociedad, ya que desempeña varias tareas por el bien común: formar o corromper la opinión pública; difundir los hechos de interés, pero cumpliendo requisitos indispensables, y a la par divulgar los abusos a los derechos humanos, como violaciones, corrupción y debe abrir los ojos a la gente para facilitar el ejercicio de sus derechos, no sólo el de la libertad de expresión.
Pero en esta tarea, el periodista está sujeto a enfrentar riesgos, fallas, errores, deficiencias e incluso hasta delitos, si se extralimita de sus funciones o no hace bien su trabajo. Se agrega a ello que gracias a las redes sociales nos han convertido en productores y consumidores de informaciones, siendo parte de esta situación intensa y cambiante el ciudadano, que por el celular es un comunicador en potencia, ya que tiene la posibilidad de informar y ser informado.
Pero más allá de estas situaciones delicadas, hay que asumir la vocación humanizadora de la comunicación y el rol importante que desempeñan los medios de prensa en la promoción y exigibilidad de los derechos humanos. En esta ruta, la materia prima esencial del periodismo es la información que es el tesoro, el pilar, el elemento sustancial del ejercicio periodístico que en todos sus ámbitos se basa en los derechos humanos: una violación es un serio atentado al derecho a la integridad, a la dignidad, a la salud y a la vida de la víctima. Un escándalo de corrupción vulnera los derechos del ciudadano en cuanto a su participación y exigencia de transparencia en la gestión pública. En un hecho de narcotráfico que se denuncia confluye una serie de vulneraciones a los derechos de un país y una sociedad. Una cosecha de soya, su comercialización y su consumo fortalece el derecho a la alimentación.
Los casos judiciales en su mayoría vulneran los derechos al debido proceso, a la salud, a la integridad y son temas fundamentalmente de derechos humanos y que ameritan que la prensa asuma una posición más clara: no se trata sólo de informar, sino de ir al fondo de una injusticia mayor que se cometa, como el “asesinato” de la injusticia del exdirector del Fondo Indígena Marco Antonio Aramayo, quien estuvo siete años detenido y acusado en más de 200 procesos, convirtiéndose en una víctima del sistema judicial.
En esta sociedad compleja, intensa, tensa, diversa en lo político, religioso, social, étnico, económico, se debe exigir al periodismo una amplia visión y salir del discurso uniforme. Esta realidad demanda a la prensa capacitación, estar al día con los cambios, con las leyes, con los conflictos y saber usar de manera adecuada los lenguajes, las visiones, las percepciones. Este mundo y las leyes que lo rigen resultan más comprensibles, precisamente por la labor periodística.
Precisamente en el ámbito de que la información ya no sólo es poder, como siempre se dijo, sino que trasciende ese nivel. Se ha convertido en un alimento esencial de la vida diaria. En una dimensión imprescindible de la modernidad, gracias a los medios y a las redes sociales.
Pero a la vez esa información fluye muy rápido, aparece y desaparece. El tratamiento, los términos, la visión de esa información merece un tratamiento especial y diferenciado.
Bajo esta dinámica y entendiendo la enorme importancia para el país, es que la Unifranz lanzó su diplomado Periodismo y derechos humanos, como un aporte sustancial al debate y a mejorar el ejercicio periodístico, el cual debe desarrollarse respetando las normativas nacionales, departamentales y municipales, partiendo de los artículos 106 y 107 de la Constitución Política, que garantiza a los bolivianos los derechos a la libertad de expresión, de comunicación y de información y garantiza al periodista sus derechos y deberes, además de la vigencia de la Ley de Imprenta.
2. Los derechos humanos, la política y el desarrollo en todos los campos precisan de la libertad de expresión y de prensa.
La labor de los periodistas es vital para las sociedades democráticas. Sin duda, enormes responsabilidades y frente a las cuales se deben estar a la altura de esos retos.
Los derechos humanos, las sociedades democráticas y el desarrollo sostenible dependen del libre flujo de la información y éste, a su vez, precisa de la libertad de prensa.
El Estado tiene la obligación de dar garantías para el ejercicio libre y pleno de los derechos de los periodistas. Las empresas de los medios de comunicación están en la obligación de dotar de todos los instrumentos de seguridad y protección, además de buenos salarios, seguros de salud, estabilidad a sus periodistas, camarógrafos, editores, fotógrafos.
En el poder en todos sus niveles hay acciones violentas contra los medios de prensa y los periodistas. Este año ya se han registrado alrededor de 43 situaciones de riesgo contra la integridad de los trabajadores de la prensa y contra la libertad de prensa. Nadie puede ser neutral ante las violaciones de los derechos humanos, particularmente los periodistas, que deben informar a la opinión pública sobre la realidad.
Es una noble profesión. Es la más fascinante de todas las profesiones, en la voz de Josep Pulitzer; la profesión más bella del mundo, lo dijo García Márquez; este oficio no es para cínicos: es el sello de Ryszard Kapuściński. Luis Espinal decía que el periodismo es una fogata que siempre arde para iluminar al pueblo.
Pues bien, el reto es no permitir que esa fogata sea bloqueada o la apaguen y nos quedemos en tinieblas en Bolivia, que al parecer el poder quiere eso.
Columnas de HERNÁN CABRERA
















