La Bolivia invisible: los ignorados
Bolivia se piensa a sí misma como un Estado Plurinacional. Así lo establece la Constitución y así lo repetimos en los discursos oficiales. Sin embargo, existe una contradicción que atraviesa nuestra vida política, mientras hablamos de diversidad seguimos construyendo un imaginario nacional que invisibiliza a buena parte de los pueblos indígenas del país, especialmente a los de tierras bajas.
Por ejemplo, los discursos que reivindican el liderazgo exclusivo de las 20 provincias o que presentan al departamento de La Paz como un espacio esencialmente aymara terminan proyectando una imagen incompleta de Bolivia, pareciera que el país estuviera conformado únicamente por pueblos quechuas y aymaras, desconociendo que la plurinacionalidad también se sostiene sobre las naciones indígenas de la Amazonía, del Chaco y del oriente.
Esta reducción no es solamente simbólica, tiene consecuencias políticas, económicas y territoriales. Mientras el debate nacional gira alrededor de disputas por el poder, los territorios indígenas de tierras bajas enfrentan una de las mayores presiones de su historia.
Pueblos como los ese ejja, tacana, mosetén, uchupiamona y muchos otros viven diariamente el avance de la minería ilegal, la contaminación por mercurio, la expansión de actividades extractivas, el avasallamiento de sus territorios y la pérdida acelerada de sus medios de vida.
Paradójicamente, allí se encuentran bosques, biodiversidad, agua y minerales estratégicos de alto valor económico, pero tambien los índices más altos de pobreza y vulnerabilidad.
Y hay que resaltar que cuando se habla del desarrollo del norte del país o de la Amazonía, se piensa en ese territorio como un espacio vacío, disponible para la inversión y la explotación, sin reconocer que existen pueblos con historia, derechos, formas propias de organización y una relación ancestral con esos ecosistemas olvidados e ignorados.
Los que dicen ser antimperialistas, repiten la vieja lógica colonial que considera al territorio únicamente como un depósito de recursos naturales. La invisibilización también se expresa en otros ámbitos. Los pueblos indígenas de tierras bajas concentran los mayores niveles de vulnerabilidad del país. Enfrentan enormes brechas de acceso a salud, educación, infraestructura, justicia y representación política. Sus lenguas, conocimientos y propuestas para la gestión sostenible de los bosques rara vez ocupan un lugar central en las políticas públicas o en el debate nacional.
Resulta paradójico que un Estado que se define como plurinacional continúe reproduciendo jerarquías entre sus propios pueblos indígenas. No puede existir una ciudadanía indígena de primera categoría y otra de segunda. Tampoco puede hablarse de descolonización cuando unos pueblos monopolizan la representación simbólica de lo indígena mientras otros permanecen prácticamente ausentes de la conversación pública.
Ojo, reconocer esta realidad no significa desconocer la importancia histórica de las luchas indígenas del altiplano. Significa comprender que la plurinacionalidad solo tendrá sentido cuando todas las naciones y pueblos sean reconocidos con la misma dignidad y con los mismos derechos.
La Bolivia del siglo XXI necesita ampliar su mirada. Necesita dejar de pensar el país únicamente desde los Andes para entender que su futuro también se juega en la Amazonía, el Chaco y los llanos y bosques tropicales y que no debe entender tambien que los indígenas no solo son quechuas y aymaras.
El autor es analista de políticas públicas
Columnas de CÉSAR AUGUSTO CAMACHO SOLIZ
















