La violencia en las cárceles de Ecuador
Las cárceles de Ecuador se han convertido en una de las expresiones más crueles de la violencia que vive ese país. La lucha entre las organizaciones criminales y la complicidad de ciertos sectores del Estado han posibilitado ejecuciones masivas sin que el Gobierno ecuatoriano, que debe velar por la vida de sus ciudadanos dentro y fuera de los penales, pueda evitarlas.
El último hecho que ha sacudido a los ecuatorianos y a la comunidad internacional es la muerte de 27 reos tras ser ahorcados el domingo en una cárcel fronteriza con el Perú, presuntamente en medio de una pugna por reorganizar los grupos de poder dentro de la prisión.
Antes de este lamentable episodio, a inicios de noviembre otros 12 presos fueron hallados muertos en tres de las cárceles más peligrosas de Ecuador.
¿Por qué se incrementa la violencia en las cárceles? Es un fenómeno complejo y difícil de resolver para Ecuador porque, como coinciden en señalar varios medios internacionales “las cárceles son uno de los epicentros de la crisis de la violencia criminal sin precedentes que atraviesa Ecuador, al haber sido asesinados en su interior 600 reclusos desde 2021, la mayoría en una serie de masacres por enfrentamientos entre bandas rivales”.
El drama de la violencia no es exclusivo de Ecuador pues afecta, con sus diferencias particulares, a varios países latinoamericanos, debido principalmente a la expansión del narcotráfico y el crimen organizado.
Otro ejemplo de la violencia que va unida al tráfico de drogas es lo ocurrido en Río de Janeiro, Brasil, donde se desarrolló un megaoperativo que cobró más de 100 vidas, la mayoría de las víctimas son supuestos miembros de las bandas criminales que manejaban la venta de drogas y armas en las favelas de esa ciudad.
La situación en Brasil y en Ecuador nos demuestra que la violencia no tiene fronteras y que se alimenta de la desigualdad social, la pobreza y la falta de oportunidades de educación y trabajo para los jóvenes.
El desborde la violencia también han afectado a Perú y todo el conflicto tiene una raíz común: el narcotráfico.
Hoy, la violencia se desencadena en Ecuador, mañana puede ser en Bolivia u otro país vecino, donde el narcotráfico se expande y la guerra contra las drogas se intensifica, sin resultados reales.
Esa violencia que traspasa fronteras necesita ser combatida de forma convencional, pero, también con estrategias que reduzcan las brechas sociales, protegiendo a los niños y jóvenes de las garras del narcotráfico y las organizaciones criminales.
El gran desafío para Ecuador y los países agobiado por la violencia criminal es generar políticas públicas que amplíen las oportunidades para evitar que más jóvenes acaben en las filas de los grupos delincuenciales.




















