Bolivia y Chile, una nueva historia
La semana que termina ha estado marcada por la participación del presidente Rodrigo Paz en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe y, particularmente, por el mensaje del primer mandatario de Bolivia a quien, desde el 11 próximo de marzo será su par de Chile.
Paz dijo a Kast: "Le ofrezco a Chile también nuestros puertos ante un mar enorme del continente como es Brasil, porque a través de Bolivia esos puertos territoriales o a través de la hidrovía, seremos parte de un complemento junto a Uruguay Paraguay, la Argentina, junto al Perú, y al conjunto de visión necesaria, pragmática de toma de decisiones para el beneficio de nuestros pueblos".
Era la primera vez que en un foro internacional se ponía en valor la central ubicación geográfica del país en Sudamérica:
"Nosotros tenemos (…) cinco fronteras y en las nuevas relaciones en función del beneficio de nuestros pueblos, el pacífico a través de Chile o Perú será ante las nuevas relaciones nuestros nuevos puertos para una economía en beneficio de las naciones".
Con estas palabras, Paz llamó al presidente electo a reconocer que Bolivia y Chile pueden y deben superar el peso de la historia para avanzar en alianzas que beneficien a ambos países, sobre todo, a sus pueblos.
El presidente electo respondió positivamente al mensaje y afirmó: “El comercio que existe entre Bolivia y Chile es muy fuerte. Y eso queremos potenciar”.
Es innegable la cercanía geográfica y comercial que tienen los dos países. En los hechos, mucha de esta integración ya se está dando.
Si nos preguntamos cuántos bolivianos hay en Chile. La respuesta es entre 148.000 y 180.000 ciudadanos bolivianos, según datos del Instituto Nacional de Estadística de Chile, y sus proyecciones de 2023 y 2024. Además, la comunidad boliviana creció un 35% entre 2018 y 2022, principalmente en la región fronteriza de Antofagasta.
En los últimos 13 años, la relación entre Bolivia y Chile estuvo determinada por la demanda que el país presentó en 2013 en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, para lograr una salida soberana al mar, con un resultado negativo: Chile no tiene obligación de negociar ese tema.
Luego vino la contrademanda que Bolivia presentó contra Chile por la soberanía de las aguas del Silala para que se reconozca su derecho sobre el flujo en los canales construidos, y se le dé una compensación. Y nuevamente la justicia internacional rechazó el pedido y llamó a los dos países a hacer un uso racional de este recurso hídrico y a cooperarse mutuamente.
El peso de la historia que cargan ambos países desde la Guerra del Pacífico es inevitable, pero la postura de ambos presidentes refleja que es el momento de avanzar en la integración, más aún, cuando es posible y necesario hacer realidad un corredor bioceánico conecte mejor a las dos naciones con el mundo.




















