Alertas para la economía
Las recientes proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) anticipan un 2026 complicado para la economía boliviana a pesar de los primeros ajustes que se ejecutan, como la eliminación del subsidio a los combustibles y la gestión de importantes créditos de organismos internacionales que se deben destinar a la producción y a sectores vulnerables.
De acuerdo con los pronósticos del FMI y el BM, el país enfrentará este año un escenario particularmente delicado porque se combinarán varios elementos negativos: la contracción del producto interno bruto (PIB) en un 3,3%, una inflación que bordeará el 20% y mayor desempleo.
“Ambos organismos identifican que el país enfrenta un agotamiento de su modelo económico, basado principalmente en la exportación de gas natural y el gasto público como motor de crecimiento”, corrobora el economista tarijeño Fernando Romero.
Cuando se revisan los datos podemos decir que el gas boliviano se esfumo. El informe de 2024, de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) da cuenta de que las reservas cayeron en 4 trillones de pies cúbicos (TCF), lo que coloca al país al borde de perder su autosuficiencia energética y lo pone en la necesidad de importar gas desde 2028.
Se estima que en una década se ha tenido una caída del 57% en la producción de gas.
El declive de la producción de ese fluido hidrocarburífero y la falta de alternativas a los ingresos económicos de la exportación de este recurso tienen un impacto en la economía del país y en la de cada boliviano que siente que el costo de vida se encarece cada día.
Este escenario se veía venir desde 2025 cuando los organismos internacionales advirtieron que el país transitaba por una crisis económica y que podría sobreponerse y comenzar a crecer después de 2028, siempre y cuando, se tomen medidas adecuadas para salir a flote.
“Durante el año 2025, Bolivia experimentó una recesión económica de -1,2% del PIB, lo que marcó un punto de inflexión en su desempeño macroeconómico reciente. Este resultado estuvo acompañado de una inflación elevada de 19,5%, un déficit en cuenta corriente de -1,9% del PIB y una tasa de desempleo de 3,3”, recuerda Romero. A lo que se “sumó el encarecimiento de importaciones, lo que presionó los precios internos, generando inflación”, Fernández dixit.
Los números aun siendo negativos pueden contribuir a que las autoridades nacionales y los legisladores tomen el rumbo correcto asumiendo decisiones que frenen la crisis económica.
El Gobierno está llamado a estabilizar la economía con transformaciones que incidan en mejores días para la población, que es la que continúa cargando con la pobreza y el alza de precios. Por más difícil que resulte se necesita aplicar una austeridad en el Estado y abrirse a las inversiones.

















