Profesionalismo, una tarea pendiente de la Libobásquet
La Liga Boliviana de Básquetbol (Libobásquet) se creó en 2014 con el siguiente objetivo: profesionalizar el deporte canasta en un plazo de cuatro años, equivalente a ocho torneos. Hoy, luego de cuatro temporadas, el camino hacia el profesionalismo ha sufrido un leve retraso, siendo que recién se desarrolla el séptimo certamen y quedan algunas tareas pendientes y temas a solucionar.
Los logros a la fecha: subir el nivel del básquetbol nacional, consolidación de un torneo de Primera División y retorno del público a los escenarios del país.
Tareas pendientes: mejoramiento de reglamentos y normativas, consolidación de clubes a instituciones y mejoramiento de ingresos por patrocinio.
“Se trata del séptimo torneo. Por primera vez en nuestra historia se logró hacerlo porque antes hubo dos intentos. Es la Liga más exitosa, aunque tiene sus defectos, como toda obra humana, pero va por buen camino. Iniciamos con la idea de profesionalizar el básquetbol en ocho torneos durante cuatro años, dos por temporada, pero por temas financieros ahora sólo se hace uno”, explicó Marco Arze, presidente de la Federación Boliviana de Básquetbol (FBB).
Uno de los puntos más álgidos es el reglamento. En 2016, un grupo de clubes miembros de la Libobásquet observó la normativa vigente y evitó la realización del campeonato Clausura. Pero esa determinación tuvo como consecuencia la disputa de un solo certamen por año y varios meses sin actividad para los elencos.
“La evaluación es positiva. Se trata de una liga consolidada, porque a partir de 2014 se jugó el torneo cada año. La intención de la federación es que los clubes tengan fortaleza para soportar dos torneos, que el deportista esté activo ocho meses al año. Hay retos que aún faltan lograr, porque hay cosas que los clubes deben cumplir, como tener una personería jurídica, un escenario propio, una masa societaria. Algunos pensarán que estamos locos, pero creemos éste es el sostén mínimo de una organización deportiva para que contenga un costo de arranque”, agregó Gustavo Carmona, vicepresidente de la FBB.
Estructura del torneo
Para el octavo certamen de la Libobásquet, la experiencia será fundamental para garantizar el espectáculo y así dar el salto al profesionalismo. Para conseguirlo, Arze aseguró que se requiere de al menos un año más.
“En 2019 se habrá cumplido el tema de los ocho torneos para profesionalizar. Salvo algunos clubes, como los de Potosí y Tarija, que tienen una estructura, esperamos que se pueda mejorar. El sostén de esta liga son los clubes, pero la mayoría aún no tiene una normativa interna”, recordó el titular de la FBB.
A la fecha, la FBB identificó que la estructura a la que hacen mención corresponde a los planteles de Pichincha, Calero y La Salle de Tarija, que cuentan con una base sólida y un importante grupo de socios que aportan y dan réditos a sus instituciones.
Patrocinio
Un punto bastante álgido y no menor es el patrocinio de la empresa y los derechos de televisación.
Orlando Almanza, presidente del club Peñarol de Quillacollo, lamentó que la falta de patrocinio sea una constante y afecte de sobremanera a los clubes y la Liga. “Antes estaba Bolivia TV y eso reforzaba a los clubes. Ahora no hay nadie que dé apoyo económico”, acotó.
LA VALÍA DEL REFUERZO EXTRANJERO
La llegada de los refuerzos extranjeros ha sido un factor que ha elevado notablemente el nivel del básquetbol nacional. Una gran mayoría llega de Estados Unidos y Argentina, aunque también hicieron presencia Brasil, Uruguay, Venezuela, Cuba, Serbia y Camerún.
“La Libobásquet fue un ‘boom’ durante los primeros años, principalmente porque los jugadores extranjeros llamaban la atención y los coliseos se llenaban. Nosotros llevamos jugadores a los colegios para que los niños los vean”, dijo Orlando Almanza, titular del club Peñarol.






















