Las notas que duermen en las cuerdas
Oscurecía cada vez más, y las luces de neón empezaban a brillar en los avisos luminosos. Quería llegar hasta la Plaza San Martín, para dar media vuelta y caminar hasta la Plaza de Armas. Se detuvo a la altura de las Galerías Boza, y miró hacia su reloj: “Las siete de la noche”. Continuó hasta llegar a la Plaza San Martín, y allí sintió repugnancia al ver que un grupo de hombres miraba groseramente a una mujer, y luego se reían a carcajadas. Los colectivos y los ómnibus llegaban repletos de gente.
“Las tiendas permanecerán abiertas hasta las nueve de la noche”, pensó. “La Plaza de Armas”. Dio media vuelta, y se echó a andar. Una extraña e impresionante palidez en el rostro de la gente era efecto de los avisos luminosos. “Una tristeza eléctrica”, pensaba Manolo, tratando de definir el sentimiento que se había apoderado de él.






















