Realpolitik
La palabra alemana realpolitik fue creada en el siglo XIX, dando lugar a diferentes formas de interpretación; actualmente la de uso corriente hace de la reakpolitik la política realista que prioriza los factores materiales, sean fuerzas económicas o militares, en las relaciones entre las naciones y sus alianzas.
Actualmente ha sido claramente planteado por algunos analistas japoneses un dilema de realpolitik, repetido más sesgada y oblicuamente por analistas de otros países, tal como lo he leído en la prensa americana y española, o como lo ha declarado públicamente el presidente francés Macron. Indicaré el asunto con claridad, sin diplomacia.
En 2014 Rusia se anexó Crimea a, consecuencia de lo cual se establecieron restricciones al comercio con aquelpaís, mientras los países occidentales no cejaron en su empeño de acorralarlo, para preterirlo. Japón apoyó las medidas contra Rusia. Sin embargo, el debilitamiento de Rusia está en contra del interés de Japón. Veamos porqué.
El gran fenómeno actual es el potenciamiento de China, cuya economía ya en noviembre de 2014 alcanzó el volumen de la de EEUU. Es cuestión de pocos años para que la economía china duplique ese parámetro. Actualmente hay una especie de guerra comercial entre China y EEUU, lo que complica el crecimiento de la economía china, pero no lo frena. Consecuencia: hay una medialuna de países asiáticos nerviosos por el futuro teniendo en frente a China. Este arco va desde Japón hasta India.
Lo que precisa el mundo es equilibrio y una Rusia fuerte produce equilibrio. En líneas generales, la economía rusa es la cuarta parte de la americana; incluso creciendo, será en todo caso una fracción de la china. Con la amenaza de los occidentales, Rusia se ve empujada a aliarse con China; para comenzar, desde 2019 tendrá una exportación masiva de gas a ese coloso industrial. La política “desgraciada” de los occidentales, pretende obtener una alianza militar y económica de Rusia con China. Más fuerte esta alianza, más fuerte resultará China.
La alianza del arco de países limítrofes de China, desde Japón hasta India, así sea con el respaldo americano, sería efectiva si Rusia hiciese de contrapeso nivelador por el norte. Para ser un contrapeso, Rusia debe estar libre de preocupaciones por el lado europeo. Eso significa terminar con la amenaza que representan las naciones que le son hostiles en Europa y también EEUU y Canadá, cuyos gobiernos son súbditos coimeados por Arabia Saudita.
Para terminar con la amenaza a Rusia basta con desearlo e implementar las siguientes políticas. 1) Estonia, Letonia y Lituania pueden tener garantías expresas de su independencia, pero deben ser militarmente neutrales, sin injerencias de presencias militares extranjeras, que los rusos consideran amenazas; es decir, deben seguir el patrón neutral de Finlandia. 2) El mismo principio debe regir para Georgia, en el Cáucaso. 3) Ucrania debe limitarse a la parte de habla ucraniana, quedando neutral. 4) El Dombás, comprendiendo las regiones de Lugansk y Donetsk, debe ser unificado e independiente o, mediante verdadero plebiscito, unido a Rusia. 5) En el extremo oeste de Ucrania hay una región cuya población quisiera ser parte de Rusia; debe serlo, al igual que actualmente la Transnistria. 6) El sur de la actual Ucrania, siendo de habla rusa, debe tener la posibilidad de conformar un país independiente y neutral, que comercie con Rusia, Ucrania y la Unión Europea. Su capital puede ser Odessa, ciudad de vocación cosmopolita.
Así se obtendría paz y equilibrio en Eurasia. Es más, quizá se tendría un siglo XXI sin guerras entre las grandes potencias. ¡Qué diferencia sería con el siglo XX! El siglo fenecido vio la primera y la segunda guerras mundiales, luego las guerras de Corea y de Vietnam; pero la guerra entre la Unión Soviética y el occidente se limitó a una terrible amenaza de destrucción mutua con bombas de hidrógeno. No pretendamos cordura en nuestra especie de monos; busquemos el equilibrio en la realpolitik.
El autor es escritor
Columnas de BERNARDO ELLEFSEN


















