Evocan a “Cachín” desde su morada entre los notables
Todo el universo de Luis “Cachín” Antezana Juárez emergió en unos pocos minutos de las voces de su esposa, Elizabeth Pattón, su hijo, Rodrigo Antezana, su hermano, René Antezana, su amigo, Fernando Mayorga y el canto-homenaje de Willy Claure, ayer en el Cementerio General, en ocasión del traslado de las cenizas del académico al sector del Mausoleo de Notables de ese camposanto, a casi ocho meses de su muerte.
El multifacético académico, escritor, critico literario, docente e investigador universitario falleció en agosto de 2025 y gracias a gestiones de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) y contribuciones de un grupo de amigos y colegas, desde ayer sus restos ya reposan a perpetuidad junto a los de también notables personalidades que desde sus ámbitos de conocimiento contribuyeron al desarrollo de Cochabamba y el país.
Más que un acto de homenaje o un funeral, el de ayer fue un recordatorio íntimo y familiar de las claves que acompañaron la vida de Cachín.
Cada una de las intervenciones fueron acompañadas de anécdotas, como la que recordó Mayorga sobre la primera incursión del también filólogo a las aulas de la UMSS como docente e investigador, o el tributo que le hizo a la cantante cruceña Gladys Moreno en el teatro Achá y otras más.
Rene Antezana lamentó no haber estado en Cochabamba cuando la muerte de su hermano y evocó a Cachín bajo lo que él llamó “tres emblemas”.
El primero es el cine. Recordó que junto a sus hermanos prácticamente se criaron en una sala de cine en Oruro, de ahí la afición de Cachín por las películas.
El segundo emblema es una pelota. René habló de la afición de su hermano por el fútbol y del gusto que tenía por escuchar las narraciones de partidos por la radio y las frecuentes visitas al estadio para ver al equipo favorito de su padre, San José.
Resultado de su pasión futbolera es la publicación de su ensayo, “Un pajarillo llamado Mané”.
Finalmente, el tercer emblema de Cachín, que cita René, es un libro, y el arte en general. A partir del literatura organizó una gran parte de todo su andamiaje de conocimiento.
Rodrigo, hijo de Cachín Antezana, prefiere hablar de su padre no como un “crítico literario”, si no como alguien que “celebra la literatura”, que invita y difunde los libros, especialmente nacionales.
En la tumba de Cachín, donde reposan su cenizas y debajo de su nombre, están inscritos varios símbolos que marcan lo que hizo y lo que fue en vida (ver foto).
Rodrigo explica cada uno de ellos. El primero es una cruz, porque al final de sus días se reconoció cristiano, el segundo es una letra “a” minúscula porque toda su vida ha estado marcada positivamente por el lenguaje; el tercero es una clave de sol que simboliza su afición por la música.
El cuarto símbolo es un número “7,” que simboliza al séptimo arte y su pasión por el cine. El quinto es un rectángulo que simboliza las reglas arbitrarias que dominan los deportes.
La esposa de Cachín evocó también sus pasiones, y lo llamó “el gol de la alegría”. Resumió el dominio de saberes que van de la literatura, la filosofía, la filología la psicología y otros.
Pero antes, y para enfatizar también la condición melómana de Antezana, el gran Willy Claure cantó la cueca (sobre un poema de Jaime Saenz) “No le digas” y una canción de Matilde Cazasola , “Cuento del mundo”.
El vicerrector de la UMSS, Greby Rioja, destacó la calidad humana y el altruismo que también acompañaron la vida de Antezana.
Las cenizas de Cachín ya reposan, en paz y para siempre, en su última morada.
























