El plan para volver a darle vida al Tunari está paralizado desde 2016
El aluvión que dejó llanto y destrucción en Tiquipaya, el historial sin fin de incendios en el Parque Tunari y el tráfico incesante de tierras son la evidencia más clara de la paralización del plan de manejo.
El Tunari tuvo su plan de manejo luego de 53 años de creación.
Se hizo con el financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sin embargo, la propuesta no se aplica desde 2016, cuando fue enviada al Ministerio de Medio Ambiente.
El director del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) Cochabamba, Alberto Terrazas, afirmó que el plan está paralizado.
“No hay autoridades que apoyen al área protegida. Todos dicen sí vamos apoyar, pero no hay una acción. Entonces, para nosotros es bien difícil contener estos problemas. No tenemos personal, infraestructura”, observó.
Las responsabilidades del Sernap son enormes, pero sus recursos limitados. Apenas cuenta con 10 guardaparques para cuidar un territorio que abarca 11 municipios, desde Villa Tunari pasando por Cercado hasta más allá de Sipe Sipe.
Sin un plan que le vuelva a dar vida al Tunari es difícil evitar que el desastre de la Taquiña se repita. Tampoco frenar las construcciones sobre acuíferos y acabar con los incendios que preceden a los procesos de urbanización.
“El área protegida es Cochabamba, todos lo sabemos, pero sólo unos cuántos hablan, nadie actúa . Por ejemplo, a todos los municipios les hemos pasado las resoluciones de sanción para la demolición y ninguno ha actuado; se han lavado las manos indicando que es competencia del Sernap”, lamentó Terrazas.
El plan identificó 80 mil habitantes, 50 mil en comunidades y 25 mil en asentamientos por encima del límite urbanizable, la cota 2.750.
El exdirector del Parque Tunari, Carlos Espinoza, explicó que el plan a parte de los componentes para la conservación y el turismo contemplaba un soporte financiero a partir del agua.
“Se llamó mecanismo de reciprocidad socioambiental para que la población aporte a partir de la factura de agua o luz y a la vez que las comunidades contribuyan en la protección”, dijo.
En lo que se logró cierto avance fue en la Guía de Adecuación Ambiental para los asentamientos antiguos.
El voluntario del grupo GEOS, que apoya a combatir los incendios en el parque, Carlos Azcárraga, considera que “lo que hay que hacer es volver a darle vida al parque, porque todos ven cómo se quema, pero no lo van a conocer” a través del turismo, incluso virtual.
En tanto, una de las afectadas por el último aluvión en el río Taquiña, Alicia Aguilar, expresó que a seis meses del desastre el lugar está lleno de rocas, especialmente en la parte alta. Y tampoco se implementó el servicio que hacía el Promic.
Una de las tareas luego del desastre fue contar con un programa de manejo de cuencas. Los afectados temen que el aluvión se repita.






























