Destitución de Rousseff no logra el cambio prometido en Brasil
Pese a la destitución de la presidencia de Brasil de Dilma Rousseff, en agosto pasado, la recesión y las denuncias de corrupción se mantienen en la actual Administración que lidera el presidente brasileño Michel Temer.
Temer es consiente que el tiempo apremia para resolver una economía que no se pinta de buenos colores para este 2017.
El pasado 24 de diciembre, en una transmisión en cadena de radio y televisión que apenas duró tres minutos y medio, Temer en su mensaje de Navidad aseguró que Brasil y él tienen prisa para devolver al gigante sudamericano el sitial de alta competitividad económica y social.
En un país golpeado por la recesión económica y los escándalos de corrupción que profundizaron una crisis política, Temer insistió en que su Gobierno está tomando medidas para que el país retome el crecimiento y que “Brasil está en el camino correcto”.
Temer, que llegó al Gobierno como vicepresidente de Rousseff al frente del poderoso Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el más importante del país, asumió la Presidencia con un paquete de recortes para lanzar un guiño a los mercados y dispuesto a terminar el mandato, en enero de 2019, consignó Efe.
Su plan de ajuste económico levantó ampollas, sacó a los brasileños a la calle e irritó a muchos de los gobernadores, ahogados también por los números rojos.
Temer impulsa un paquete de medidas de austeridad para reactivar la actividad económica, que cerró en recesión por segundo año consecutivo. Y el desempleo afecta al 11,8 por ciento de la población activa, unos 12 millones de personas.
En su mensaje, el Presidente destacó la reciente aprobación en el Congreso de una reforma constitucional que bloquea los gastos públicos por 20 años, así como los proyectos para endurecer el sistema de jubilaciones y flexibilizar las leyes laborales.
Según el último sondeo Datafolha, Temer cuenta con apenas un 10 por ciento de aprobación y más de 60 por ciento de los brasileños quieren que renuncie antes de completar el mandato de Rousseff, a fines de 2018.
Recientes sondeos dan cuenta que un 60 por ciento de votantes apoyaría elecciones anticipadas, una cifra similar a la que arrojaban los sondeos antes de la caída de la expresidenta.
El nombre de Temer apareció además mencionado en las primeras filtraciones de las “delaciones premiadas” de 77 ejecutivos de la constructora Odebrecht, implicada en el escándalo Petrobras de pagos de sobornos a políticos para obtener contratos en la estatal petrolera.
El Mandatario niega haber cometido cualquier ilegalidad.
En octubre último, se realizaron elecciones municipales y las urnas pasaron factura al Partido de los Trabajadores (PT), el partido que gobernaba cuando se perpetró el mayor caso de corrupción de la historia de Brasil —miles de millones desviados de la gigante estatal Petrobras— destapado por la investigación conocida como Lava Jato.
El Lava Jato ha puesto en jaque a algunas de las principales empresas del país y a la clase política, ha marcado al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y ha salpicado también a Temer, quien, según un alto exejecutivo de la constructora Odebrecht, llegó a pedir personalmente 3 millones de dólares para la campaña electoral de 2014.
La delación de este exdirectivo afecta a medio centenar de políticos de una decena de partidos y es apenas la “punta del iceberg”, dado que Odebrecht ha alcanzado un acuerdo de lenidad con la Justicia y se ha comprometido a pagar cerca de 2.000 millones de dólares de multa por su participación en la trama de Petrobras.
Las delaciones amenazan los cimientos del sistema político brasileño sin distinción de partidos, aunque la indignación popular se multiplica cuando se trata de rostros como el de Lula, que fue el político mejor valorado de Brasil y que tiene ahora cuatro causas abiertas por corrupción.
La lista de implicados es interminable, de ahí los intentos de los legisladores por frenar la acción de la Justicia con la aprobación de una propuesta que desdibuja los delitos de corrupción.
Uno de los casos más escandalosos ha sido el del presidente del Senado, Renan Calheiros, que fue suspendido por el Tribunal Supremo por corrupción, se declaró en rebeldía y ganó el pulso en un hecho sin precedentes.
Sin embargo, apenas unos días después, el Fiscal General le denunció por un nuevo caso de corrupción y lavado de dinero.
PREOCUPACIÓN MILITAR
El comandante del Ejército brasileño, general Eduardo Villas Boas, prevé que la crisis del país, que dijo ser política, económica y “especialmente ética”, se agravará aún más en 2017, lo que, en su opinión, se reflejará en el presupuesto y en los salarios de las Fuerzas Armadas.
La previsión negativa fue incluida en el “Mensaje de Navidad y Año Nuevo” que el comandante del Ejército envió a los integrantes de las Fuerzas Armadas y a los militares en la reserva.
“Vislumbro, para el año que se aproxima, el agravamiento de las dificultades que actualmente asuelan al país, con reflejos negativos en nuestro presupuesto y en nuestros salarios”, según el mensaje publicado en la página oficial del Ejército en Internet.
Villas Boas aclaró que tal previsión no mina su confianza en que “no nos alejaremos ni un milímetro de nuestra trayectoria rectilínea de servicios a la nación brasileña” y de que el Ejército atravesará la crisis “respetando y respaldando la Constitución, apoyado en la confianza que la nación deposita en su Fuerza Terrestre”.
El general dijo que ya observó tal comportamiento en 2016, en el que fue su segundo año como máximo comandante del Ejército, consignó la agencia Efe.
“En este año difícil, que está cerca de terminar, en medio de la persistente crisis política, económica y, sobre todo, ética, testimonié con satisfacción y orgullo su presencia (de los militares) efectiva, dispuesta y entusiasmada por todo el país”, dijo en su mensaje.
Brasil enfrenta una grave recesión desde el año pasado, cuando su economía se retrajo un 3,8 por ciento, el peor resultado en 25 años. Esa situación se mantuvo en 2016, para cuando los economistas prevén una contracción del 3,5 por ciento, según Efe.
De cumplirse tal pronóstico, será la primera vez que el país encadenará dos años seguidos de crecimiento negativo desde la década de 1930. La crisis económica obligó al Gobierno a poner en marcha un severo ajuste fiscal con el que congeló los gastos públicos por los próximos 20 años y recortó el presupuesto de la mayoría de los ministerios, incluyendo el de Defensa.
BAJAS PROYECCIONES
A mediados de diciembre, el Banco Central de Brasil (BCB) redujo sus proyecciones de crecimiento y pronosticó que el PIB brasileño, que en 2015 se contrajo un 3,8 por ciento, caerá este año un 3,4 por ciento, una décima menos que en sus previsiones de septiembre pasado.
En 2017, la mayor economía latinoamericana volverá a crecer, pero el avance será de un exiguo 0,8 por ciento, cinco décimas menos que en las previsiones del informe anterior (+1,3 por ciento). Los datos del BCB no sorprendieron “ni un poco” al mercado, que tiene proyecciones incluso más pesimistas, dijo a la AFP Silvio Campos, analista de la consultora Tendencias.
“Existe un sentimiento generalizado de que el año que viene será difícil desde el punto de vista económico”, añadió.
Temer asumió el cargo en agosto pasado tras el “impeachment” (juicio político) de la izquierdista Dilma Rousseff, de quien era vicepresidente.
Datos: AGENCIAS e INTERNET























