A 30 años de la Marcha por la Vida
Toca rendir un homenaje a esos mineros que la protagonizaron y a sus dirigentes
En agosto de 1986, el sector minero, la vanguardia del país, iniciaba, “La marcha por la Vida” en reacción a la disposición del cierre de minas y al Decreto 21060 de Víctor Paz, la mayor expresión del modelo económico neoliberal que se implantaba en Bolivia. Con la frase “Bolivia se nos muere” el presidente Paz Estenssoro, que en los 50 había decretado la nacionalización de las minas, ahora las cerraba. En ese momento, los precios del estaño se habían desplomado y la producción del mineral para el Estado, ya era muy costosa.
El cierre de las minas implicaba que alrededor de 23.000 mineros perdieran sus fuentes de trabajo, y por tanto la fuente de subsistencia para sus familias. De esta manera, en agosto decidieron emprender la marcha desde sus centros mineros hacia Oruro, punto de concentración, para luego dirigirse a la sede de Gobierno. Es así que los mineros bajo el lema de “La Marcha por la Vida”, iniciaron la medida de presión, de manera pacífica. A lo largo del camino, la solidaridad mostrada por los campesinos fue excepcional. Sin embargo, el Gobierno disuadiría la continuación de la marcha, con la intervención militar. Los tanques y aviones cercaron a los mineros en las proximidades de Calamarca. En ese 29 de agosto de 1986, el papel de los dirigentes mineros Simón Reyes y Filemón Escóbar fue crucial pues la decisión era, o la marcha regresaba a los centros mineros y desde allí negociaba, o los mineros se lanzaban a romper el cerco, lo que implicaba la pérdida de cientos de vidas de mineros. Optaron por la primera vía. Y aunque no sabemos cuál hubiese sido el curso de la historia si la marcha continuaba, nada justificaba la muerte de cientos de mineros, puesto que el cierre de las minas era inevitable. Sólo había que estar en los zapatos de los dirigentes para tener la presión de los cañones por un lado y a miles de mineros, por el otro. Sin embargo, la decisión fue la de preservar la vida.
Aunque la suerte del movimiento sindical obrero estaba echada, no cabe duda de la trascendencia del papel que jugó en la historia del país, en tiempos en los que se constituyó en la vanguardia revolucionaria. Hoy vemos con melancolía a ese movimiento obrero revolucionario y luchador, mucho más si lo comparamos con el sector minero actual cuya lucha se reduce al beneficio de intereses sectoriales.
Lo cierto es que el país necesita de dirigentes como los de entonces, gente como Simón Reyes o Filemón Escóbar, dirigentes incorruptibles y de una sola pieza, dirigentes que ante todo desbordaban humanidad, lucidez y que hoy representan en la historia del país la verdadera izquierda. A 30 años de la Marcha por la Vida, toca rendir un homenaje a esos mineros que la protagonizaron y a sus dirigentes que hicieron de la lucha sindical una trinchera contra un modelo deshumanizado y que entendieron la política como la constante búsqueda de la justicia social.
Es socióloga y antropóloga.
Columnas de GABRIELA CANEDO VÁSQUEZ
















