Instantánea de lunáticos
Teóricamente y en el mejor de los casos, los gobernantes de cualquier país debieran ser quienes mejor enterados estén de sus problemas, quienes entiendan siquiera algo de lo que más conviene o no, mientras se los quisiera imaginar dotados de preparación, de un aveza-do sentido común, pragmático e inteligente. Pero, desgracia para todos, ocurre justo lo contrario. Ahí tenemos por ejemplo el caso de alguien absolutamente incapaz, patéticamente idiota y escandalosamente ignorante, negado para entender nada de nada y que de pronto apareció como presidente de todo un país de varios millones de habitantes (o damnificados): Nicolás Maduro.
Y como él son muchos, en mayor o menor grado; con diferentes disfraces, en distintos contextos, pero todos obedeciendo a un mismo estilo, con frenéticas pulsiones y aversiones, patriotismos, odios y vociferaciones. La mayor característica que todos los personajes de este tipo comparten, sin embargo, nunca está lo suficientemente subrayada: su total divorcio con lo real, su brutal ignorancia de los asuntos concretos y sobre las políticas prácticas que ejercer en cualquier campo. Son personajes incapaces de leer (y comprender) un informe, mucho menos de redactarlo; con enormes déficits de atención y concentración viven hospedados en un rutilante espejismo que decoran a su gusto. Obnubilados por sus propias luces creen que gobernar es, esencialmente, gritonear desde algún plató, desde un reality show de flashes y de aplausos. Entre tanto, la realidad que espere. Si hubiera otra, claro, que no sea aquella en que se escuchan las ovaciones del “pueblo”.
Evo Morales, con su cínicamente titulada “Conferencia de los Pueblos” vuelve a demostrar, por enésima vez, que está en la luna, tampoco entiende nada de nada y sin saberlo vive en un mundo totalmente fantasmático. El Presidente de Bolivia, en efecto y a todas luces, es todavía una penosa víctima del primitivo pensamiento mágico. Cree, sin más, que con simplemente agitar la varita mágica de decretos y micrófonos la realidad se modificará consecuentemente. Y una y otra vez es de risa. Para dar un ejemplo rápido: en una de esas se le ocu-rre declarar, al lado de un por millonésima vez nuevo jefe policial que, a partir de ahí, “En Seis Meses”, la Policía erradicará toda corrupción de sus filas. Lanzar algo así, cualquiera lo sabe, requiere imprescindiblemente de una ignorancia absoluta sobre qué y cómo es la Policía boliviana. Requiere, en suma, estar en la luna.
No son menos lunáticos, por otra parte, los asistentes a esta pachanga de poderosos, incluido el enviado de Bergolio. Ofensivamente lunáticos, pues implícitamente, dan un espaldarazo a la aniquilación de la democracia ensoñada por Morales. Y dan un espaldarazo, aunque lo ignoren, a la destrucción del sistema judicial boliviano, que está teniendo lugar ahora mismo en estas tierras. Dan un espaldarazo a la devastación de la Amazonía, con ahínco perseguida. Y dan un espaldarazo, para colmo, a los horrendos asesinatos que comete la narco dictadura de Maduro contra el pueblo de Venezuela. Es en tan turbias aguas que reflotan los participantes de tan magno Festival de la Idiotez. Una idiotez, además, grotesca, tal como lo demuestra uno de sus ángulos más risibles: Nicolás Maduro regaló medio millón de dóla-res para el acto de posesión de Donald Trump, al que en tanto se asemejan todos los tiranuelos. Por ejemplo en el desprecio por los derechos humanos y por la libertad de prensa.
Al estar en la luna, claro, los asistentes a esta ofensivamente cara e inservible Pachanga de discursos, aviones, hotelazos, autazos, platazos, abrazos, folclor, ninguno se habrá enterado de que hace pocas semanas, en el Alto, murió de hambre una muchacha. Y que aquí son cientos o miles los que conocen tanta hambre como ella. Ni se han enterado, por lo visto, de que Bolivia ocupa, como de costumbre, los últimos puestos del mundo en todos los indicadores: en salud, en educación, en inversión, en estabilidad, en clima de negocios, me-dioambiente, Internet, políticas culturales, institucionalidad y un largo etcétera. Pero que no se moleste a sus excelencias con esas cosas, pertenecientes a la insumisa esfera de lo real. Y que muy por apenas afectan a la luna, donde viven.
El autor es escritor.
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.















