Haya
O no haya un buen fallo de la Corte Internacional de Justicia, los que hemos vivido esta experiencia no podremos negar que ha sido emocionante. Pero el resultado de la disputa no lo sabremos ahora. Quedan largos meses para conocer la decisión de los magistrados de ese Tribunal.
La vida continúa y los problemas del día a día siguen presentes. La economía no mejoró nada en los últimos días, pero sí hubo promesas interesantes que hacen las delicias de los empresarios. Se potenciará la hidrovía y también Puerto Busch, nuestra alternativa real para llevar y traer lo poco que exportamos y lo mucho que compramos en la tienda global.
De eso ya conocemos y poco se hizo en ese sentido. Lo que quedó de ese buen proyecto es la compra de 30 barcazas que nunca llegaron porque la corrupción se interpuso. Millones perdidos, pero sigue la esperanza de que algún día esa zona sea un polo de desarrollo, Mutún incluido, y una vía para exportar; como se prometió en el pasado reciente. ¡Qué bueno sería!
Mientras nuestra mirada de ciudadano común, patriota, estaba en La Haya, en casa la economía va como en segunda. Se siente la falta de circulante y los locales llenos ya es parte de la historia reciente. Sin embargo, desde el Gobierno nos dicen que no hay que preocuparse ya que la austeridad no es su amiga. Los gastos continúan como en la época del barril de petróleo a más de 100 dólares americanos.
Asusta pensar que las buenas sensaciones obreros-oficialismo llegué a acuerdos que permitan una subida del salario más allá de lo que la economía lo permite; en un momento que las recaudaciones están en estancadas. Otros dirán que no es así, que ya se exporta urea, que habrá una explosión con la fabricación de etanol – 400 millones de dólares de ahorro en subvención a la gasolina – que primero requiere de inversiones que exigirán reglas claras para llegar.
Mientras nos deleitamos con esas novedades festejadas por el empresariado cruceño, sobre todo, la deuda externa crece y es sobre esa base que se construye el sueño. Y la interna no es menor y por ello debe preocupar lo que pasa con los ahorros de los trabajadores que anhelan tener jubilación digna. En este momento me surgen dudas y pregunto: ¿Por qué el Estado se apropia de esos recursos? ¿Acaso no son privados?
Haya se visto tanto asunto escondido con la emocionante actuación de los nuestros en La Haya, posible por la decisión política del presidente Evo Morales quien está obligado a no equivocarse por su bien y el bienestar de todos.
Columnas de JORGE MELGAR RIOJA


















