El tiempo del posmalestar
Juan José Toharia, analista de Metroscopia, el bien conocido centro español de investigación social, señala que el “posmalestar” –tratándose de un relevante fenómeno del sistema político de España– es “un tiempo caracterizado por niveles moderados y decrecientes de insatisfacción con la situación económica y por altos –y crecientes– niveles de insatisfacción con la situación política”. Hasta el advenimiento, hacia el año , de la última importante recesión económica, los españoles se desenvolvían entre el malestar por la marcha de la economía y la desafección hacia la política. Pero los índices de uno y otra no eran tan dispares. Por el año 1996, las percepciones negativas sobre la situación económica y la situación política se situaban por debajo del 50% y, en alguna circunstancia, mostraban signos positivos.
El tiempo del “malestar” –en el que ambos índices negativos se elevaron hasta un 90%– se inicia con la crisis económica mundial y finaliza a mediados de 2015, coincidiendo con las últimas elecciones parlamentarias. El tiempo del “posmalestar” se extiende desde entonces y hasta ahora. En este instante es la percepción sobre la situación política la que provoca mayor insatisfacción. El porcentaje de españoles que evalúa negativamente la situación política se encuentra en la media (84%) de los últimos cinco años. En cambio, el porcentaje que aprecia negativamente la situación económica es menor, pues se sitúa en un 58%, por debajo en 27 puntos de la media del último lustro. Por lo visto, en este momento los españoles están menos insatisfechos con la situación económica que con la situación política.
El analista de Metroscopia no se aventura en proponer posibles explicaciones para este cambio en los humores de los españoles. Uno de los aspectos más destacables del examen realizado es la suposición –que se desprende inequívocamente del texto del discurso– de que tanto la percepción de la situación económica como la percepción de la situación política son relevantes como condicionantes del comportamiento político de los agentes sociales.
Por ello, todo intento de medición de las mismas puede ser de utilidad, por ejemplo, cuando se trata de conjeturar el comportamiento electoral. Tanto el malestar como la satisfacción con la situación económica y la situación política pueden inclinar el voto en uno u otro sentido. Sin embargo, no está exento de riesgo cualquier intento de conferir a la economía o a la política una mayor fuerza impulsora del comportamiento político. Ambas condicionantes pueden tener igual valor y su acción es simultánea y no excluyente.
El autor es docente universitario
Columnas de ALBERTO ZELADA CASTEDO















