El honorable que renunció a su honor
Si el lector hace una búsqueda rápida en Google preguntando quién fue el mejor alcalde de Cochabamba recibirá respuestas coincidentes del algoritmo que identifican a Manfred Reyes Villa como el más destacado burgomaestre que haya gobernado en nuestro municipio. No se pretende discutir ese resultado, el objetivo de hoy es un tanto cómico pues busca que la reflexión nos permita reír al responder sin dudar la pregunta opuesta: “¿Quién fue el peor alcalde de Cochabamba?”. Las neuronas cochabambinas entran en sinapsis y por proximidad temporal gritan un nombre muy reconocido que ejemplifica la esencia de la politiquería boliviana que gracias a la ausencia de buenos políticos se ha convertido en el pan del día, la corrupción se ha naturalizado en el tejido social de nuestro departamento y nos conformamos con políticos que “hagan, aunque roben”.
El político británico Edmund Burke manifestó a cabalidad el cáncer que asola a la política de Cochabamba, empezando desde la micro estructura en las OTB’s o sindicatos y terminando con el cómplice mayor que es famoso por renunciar a su renuncia, cuánta razón tuvo Burke cuando dijo que “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”. Es de esta forma que la autoridad electa hizo cuanto quiso, aunque su accionar violara parámetros y pasos en la adjudicación de contratos que mueven al gran engranaje que corrompe a las autoridades, el tan ambicionado dinero.
Retomando la reflexión del inicio, si Manfred Reyes Villa es virtualmente el “mejor alcalde”, no es difícil imaginar cuál es el peor y aunque sus defensores rasguen sus vestiduras, nadie puede negar que el exalcalde Marvell José María Leyes Justiniano pasará a los libros de historia como el ejemplo moderno de todo lo que un hombre honrado debe evitar ser y lo que un político jamás debe pretender. Es más probable que la vida y obra de tal hombre sean parte de la comedia popular al recordar que fue capaz de “renunciar a su renuncia” y durante mucho tiempo lo condenarán por su rapidez para concretar despidos, para volver a rodearse de los mismos colaboradores, tan sospechosos como él de perpetrar irregularidades durante su escandaloso mandato.
Sin duda alguna será muy gracioso y penoso reír por la gestión de un hombre que se aprovechó de un municipio entero; el maravilloso Marvell José María que escupió en las leyes y aunque apellidara Justiniano de justo no tuvo un pelo y de rectitud aún menos.
Este breve espacio termina con la misma reflexión planteada de diferente forma, ¿Será realmente José María Leyes el peor alcalde de Cochabamba? O quizás entre sus sucesores encontremos a alguien peor. Lo único claro en las predicciones para la política municipal es que los actores políticos son tan transparentes como las aguas del río Rocha y tan impecables como el botadero de K’ara K’ara.
Entre tanta división partidaria los ciudadanos honestos y trabajadores caen en el conformismo al ya no esperar nada bueno de las autoridades electas.
El autor es estudiante de comunicación social
Columnas de GABRIEL ANÍBAL LÓPEZ PEDRO
















