A la trabajadora del hogar
Comparten la cotidianidad de la vida familiar, pero muchas veces como espectadoras, llevan en sus aguayos a niños de otros, muchas veces dejan a sus hijos en sus comunidades para ser niñeras, así sus vidas se tejen con las de las familias postizas y que tienen fecha de caducidad. En una línea difusa trabajan para una familia, pero también comparten lazos, son y no son parte. En este sentido, ciertas celebraciones tienen el poder de hacer visible aquello que el resto del año pasa inadvertido. En esta columna recordamos que cada 30 de marzo se celebra el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, las cuales trabajan y han trabajado en sistemas laborales realmente nefastos, pasando a ser ese sector que, por ejemplo, hasta no hace mucho no gozaba de días libres y tampoco de un horario fijo, además de sufrir la desvalorización y la discriminación de clase. Y también es importante mencionar el acoso sexual y la violencia a la que pueden estar sometidas.
Consideradas aún como trabajadoras de segunda, ya que deben, y lo sabemos, ejercer el oficio hasta edades avanzadas pese a la carga del trabajo que asumen. Sin embargo, es importante mencionar que en la actualidad tienen sindicatos destinados a la difícil tarea de resguardar sus derechos laborales, para no permitir la enajenación de los sistemas mercantiles que desvalorizan el trabajo doméstico.
Con la crisis sanitaria actual, este trabajo se ha visto encarecido porque las familias que las contrataban han tenido que enfrentar problemas de orden económico y han tenido que cesar o renegociar las condiciones laborales de estas, además este nuevo escenario ha impuesto en muchos casos el no salir de la casa por el riesgo a traer el contagio, cosa que es terrible para la psique de quien trabaja y vive en un mismo lugar sin poder brindarse los necesarios espacios paréntesis. Con la pandemia de Covid-19, las condiciones de informalidad que signan la labor de las trabajadoras del hogar hacen que se agudicen estas asimetrías que no solo inciden en la calidad de vida sino fundamentalmente en su derecho a vivir mejor.El Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario indica la gran vulnerabilidad del sector por las dificultades de acceso a la organización sindical, la discriminación cotidiana en su lugar de trabajo, así como las enormes dificultades en el ejercicio de sus derechos laborales.
En Bolivia, existen más de 77 mil trabajadoras y trabajadores del hogar, según datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y esta denominación va mucho más allá de solo el trabajo, ellas nos acompañan, nos escuchan, son el hombro donde muchas veces lloramos, ríen con nosotros y son los pilares fuertes que sostienen las cotidianidades de un hogar. Por ellas y ellos es que el 30 de marzo celebramos su silenciosa dedicación y por las que cada derecho laboral que han ganado no es una concesión sino una obligación absoluta del Estado.
La autora es escritora
Columnas de CECILIA ROMERO
















