Emergencia por los incendios
Cada año Bolivia sufre la misma tragedia: los incendios forestales. En los meses secos, de junio a noviembre, el aire y el cielo se mezclan con el olor y el color gris del humo de las llamas descontroladas.
Lo que las estadísticas oficiales a menudo minimizan es el desastre que devora el hábitat de miles de especies y la casa de cientos de comunidades indígenas.
“En 2024, las llamas alcanzaron niveles sin precedentes, con 12,6 millones de hectáreas afectadas a nivel nacional, constituyendo la cifra más alta en la historia del país y con un impacto ambiental devastador en la medida en que el fuego consumió 7,6 millones de hectáreas de bosque”, remarca el informe anual de la Fundación Tierra Incendios Forestales 2024, tras las huellas del fuego.
El impacto de los incendios ha convertido afecta sobre todo al oriente y a los valles bolivianos.
El daño a la naturaleza es el que más duele. El fuego arrasa la tierra, convierte los ecosistemas en cenizas y destruyendo el hábitat de animales silvestres como capibaras, jaguares, monos, osos perezosos, reptiles y otros.
En lo económico las quemas repercuten en la subsistencia rural dejando a familias sin sustento. Y el combate contra las llamas impacta también en la economía del Estado porque el dinero que se gasta en esa emergencia disminuye la inversión en otras áreas.
Todo indica que Bolivia ha ingresado a la etapa crítica de incendios con más de 700 focos de calor en el país: más de 500 en Santa Cruz y 100 en el Beni.
Con la declaratoria de emergencia nacional se podrá mejorar la respuesta y contener la propagación de las llamas. El gran desafío es que los incendios forestales dejen de ser un problema recurrente, lo que exige una respuesta definitiva de los gobiernos locales, departamentales y nacionales para evitarlos.
Ahora toca reflexionar sobre las causas de fondo de los incendios en el país para delinear las acciones más efectivas que permitan cortar de raíz este flagelo que nos afecta a todos.
Es necesario repensar la dinámica agrícola en el país. En especial, la expansión acelerada y descontrolada de la agricultura mecanizada que necesita realizar desmontes para ampliar su producción aumentando el riesgo de incendios.
A ello se suman otras causas que detonan las quemas como la conversión de tierras ganaderas a monocultivos, al igual, que las tierras indígenas. Y, claro, las quemas sin manejo integral del fuego.
Para enfrentar la emergencia, se necesita fortalecer las políticas de prevención y control de las quemas.
Es crucial imponer sanciones efectivas contra quienes inician fuegos de manera deliberada. Por último, se requiere concientizar a la población sobre la responsabilidad de cuidar el medio ambiente y entender que los montes, la selva, es vida para Bolivia.
















