La doble tragedia en El Alto
La tragedia ocurrida en El Alto por el siniestro de la aeronave de la FAB-081, un Hércules que transportaba dinero para el Banco Central de Bolivia (BCB), no fue la única que nos causa luto y dolor.
La otra tragedia, esa falta de humanidad y empatía, nos muestra lo doloroso que es ver que la vida no tiene valor para el prójimo y que valen más unos papeles, billetes sí que pueden cubrir alguna necesidad, pero al final papel y si está quemado o dañado: basura.
Las escenas de personas llevándose montones de billetes y corriendo por encima de los fierros retorcidos de los autos impactados por el enorme avión militar, ignorando los gritos de dolor y pedidos de auxilio de los heridos.
Esa falta de sensibilidad humana tendría que interpelar a todos sobre cómo la ambición puede estar encima de la vida, la solidaridad, la empatía y el respeto por la tragedia de personas que tuvieron una muerte horrorosa.
Hay quienes han intentado explicar este comportamiento a partir de la pobreza y de la oportunidad de beneficiarse con “dinero del cielo”.
En ese sentido, la actitud de la turba que se llevó los billetes nos sirve para reflexionar sobre lo mucho que falta por hacer en la ciudad de El Alto para reducir las asimetrías sociales, al igual, que en otras grandes ciudades como Santa Cruz, que han experimentado un crecimiento acelerado de su población por la migración alentada por la dinámica económica.
Nadie va a negar las enormes necesidades que tienen los pobladores de El Alto; pero de ahí a aceptar la indiferencia hacia el dolor ajeno y la tragedia hay un abismo. Tampoco se puede generalizar, porque también hubo personas que, incluso venciendo el miedo a que el avión se incendie o explote, se acercaron para ayudar a los sobrevivientes.
La indiferencia y la falta de empatía con las víctimas de la tragedia aérea del Hércules nos cuestionan acerca de lo qué pasa con los valores y la cultura ciudadana. Cuestionables son también los mensajes de odio, abundantes en las redes sociales, y cuya hostilidad se refleja en las actitudes cotidianas de la gente: en el transporte público, en la calle, las instituciones.
La violencia verbal que se ejerce desde todos los ámbitos es una señal de que el odio prima sobre otras emociones más loables como la empatía, que es ponerse en el lugar del otro y pensar que esa persona con la que se interactúa bien podría ser un allegado. Ahí deberíamos preguntarnos cómo quisiéramos ser tratados.
Es urgente trabajar en campañas de sensibilización sobre qué hacer en casos de emergencia. Sin embargo, el mayor reto está en las familias y la escuela, donde tendrían que cultivarse la empatía, la solidaridad y el respeto.
En la medida que avancemos en ser una sociedad más justa y solidaria será menos probable que saqueos como el ocurrido en el accidente aéreo se repitan.
















