Velar por las familias vulnerables
El trágico fin de casi toda una familia en Sacaba, cuyos niños murieron junto con su madre, evidencia la existencia de hogares que enfrentan severas privaciones por la falta de oportunidades, la precarización del empleo y el encarecimiento del costo de vida.
Hay hogares bolivianos que viven al límite de lo tolerable. ¿Cuántas familias están en la misma o en peor situación que la de Ana, que a sus 31 años tenía la responsabilidad de cinco hijos: de 9, 7, 5 y 2 años, y una bebé de tres meses?
Su existencia se tornó particularmente más complicada a mediados de 2025, cuando sus hijos mayores tuvieron que abandonar la escuela. Lo que los adultos de la comunidad educativa les pareció un cambio rutinario era en realidad el efecto de problemas pecuniarios que impedían a esos niños continuar estudiando.
En los últimos meses la situación se complicó aún más por las deudas, entre ellas el alquiler de su vivienda, además de otros que seguramente existían y se acumulaban acrecentando la desesperanza y desolación que llevó a esa joven madre a tomar la decisión de poner fin a la existencia de sus cinco hijos y luego a la suya. El padre los descubrió muertos.
Cada año en Bolivia al menos 20 niños son víctimas de infanticidio, un delito que es sancionado con la pena máxima de 30 años según nuestra legislación.
La cifras del Observatorio de Seguridad Ciudadana dan cuenta de que incluso hubo años con más de 60 infanticidios.
Los peores años fueron el 2017 con 72 infanticidios, el 2018 con 78, el 2019 con 66 y el 2020 con 51. El año pasado 22 niños, menores los 12 años, perdieron la vida asesinados. En lo que va de 2026 se tienen 11 casos: seis en Cochabamba, dos en Santa Cruz, uno en La Paz, Potosí y Chuquisaca, respectivamente.
En un momento en el que el país está debatiendo las propuestas de los candidatos que piden el voto para administrar las alcaldías y gobernaciones los próximos cinco años, es inevitable preguntar qué plan tienen para atender a la población vulnerable y especialmente a los niños, mujeres y ancianos.
No se trata solo de ofrecer obras, cambios, servicios, planificación; sino, de poner en el centro de cada propuesta a la persona, al ser humano. ¿Qué es más importante una calle asfaltada o un niño sano y que va a la escuela?
Como votantes también debemos interpelar qué clase de ciudad queremos: una más habitable y humana. En Cochabamba, particularmente, todos los días podemos ver el edificio del hospital del niño abandonado, sin uso y que solo evoca el la incapacidad de las autoridades que ni siquiera pueden darle una hospital digno a los niños.
Por eso es importante adherirnos al pedido de la Defensoría del Pueblo que ha exhortado a las autoridades de todos los niveles velar por las familias vulnerables.
















