Proteger y respetar al jaguar
El sábado 8 de agosto, la imagen de un jaguar en la puerta de una casa, en un barrio de la ciudad amazónica de Guayaramerín, en la frontera con Brasil, fue desconcertante. Su presencia, como si se tratara de una mascota, resultaba difícil de creer y quienes lo vieron a través de redes sociales podían suponer que el video fue generado por inteligencia artificial. Sin embargo, todo era real… Bastaron unos minutos, incluso, para que su sacrificio quedará registrado ante cámaras.
Evidentemente, un jaguar de la especie Panthera onca había ingresado a un domicilio y los vecinos lo sacrificaron al indefenso animal a tiros. Pero, además, lo mutilaron para repartirlo y vender su piel, garras, cabeza y patas.
La muerte de este enorme felino —un hecho que la norma califica como biocidio— no solo acaba con un animal emblemático de la Amazonia, sino que muestra la crisis de convivencia entre el crecimiento urbano y la naturaleza en Bolivia. ¿Cuántos casos como el jaguar existen que no salen a la luz?, ¿cómo el hombre destruye el hábitat del jaguar y de otros animales? ¿cómo la fauna silvestre se debe desplazar del bosque o queda reducida a la condición de mascota?
Como consecuencia de la caza, la destrucción de ecosistemas y selvas, el comercio ilegal, los incendios y el crecimiento urbano, miles de animales mueren cada año o son arrancados de su hábitat cada año en Bolivia. Con la agravante de que el tráfico de colmillos de jaguar es parte del crimen organizado internacional y se ubica en el cuarto lugar del ranking del crimen organizado mundial, después del narcotráfico, el tráfico de armas y la trata de personas, según los impulsores del proyecto de Ley de Protección del Jaguar en Bolivia.
El ejemplar sacrificado en Guayaramerín no es el único caso de las amenazas que enfrenta esta especie. Muchos recordaran aún a Shiva, una cachorra de seis meses herida con más de 90 perdigones en Santa Cruz, que luego de ser rescatada no podía ser trasladada a un refugio para su operación por los 50 días de bloqueo.
Hoy, que el caso del jaguar está en los medios es necesario reflexionar sobre qué hicimos para que este animal silvestre llegue hasta una vivienda. Los expertos señalan que el felino difícilmente invadió el lugar, sino que fue domesticado y probablemente fue criada como mascota. Por ello, la investigación debe ir más allá de una detención y debe enfocarse en desarticular a la red que trafica con esta especie y otras, no solamente en la Amazonia.
El biocidio de este jaguar no comenzó cuando un vecino apretó el gatillo, sino, que ocurrió desde que lo separaron de su hábitat.
La justicia ordinaria y ambiental se han pronunciado para exigir respeto a la fauna silvestre y a sus hábitats.





















