Acercándonos a Chile
A punto de cumplir un año, el Gobierno de Rodrigo Paz se ve bastante destartalado, el affaire de la gasolina, los quilombos de maletas y oro contrabandeados y, ni qué decir, el escándalo armado por Beller no dejan muy bien parado a este Gobierno que, por lo demás, ha dado algunos pasos muy sensatos y logrado sobrevivir a una conspiración de marca mayor, durante los más de cincuenta días de asedio.
Pero lo del viernes pasado me parece un verdadero punto a favor, vale decir, un enorme paso para normalizar las relaciones diplomáticas con Chile, el vecino con el que, ‘sí o sí, nos toca estar en contacto y con las mejores relaciones posibles.
La visita del presidente Kast, las declaraciones conjuntas, los acuerdos suscritos son un gran paso, y es de esperar que todo avance para llegar a tener relaciones diplomáticas plenas, con embajadas reales y oficiales.
Como se ha podido ver, este gesto de Chile, ha tenido sus rasgos de amabilidad, el presidente de ese país poderoso ha subido a las alturas a visitar al presidente del país más débil, y la sombra perenne entre ambas naciones esta vez no se ha mostrado, me refiero al tema del mar, o a la ilusión de algunos de lograr un acceso soberano al Pacífico en las actuales costas chilenas.
Bolivia necesita tener buenas relaciones con Chile por razones pragmáticas, cruzando Chile se llega lo más prontamente y, por lo tanto económicamente, a un puerto marítimo. Es importante negociar las condiciones más favorables para mantener un libre tránsito, y un sistema que sea lo más expedito posible para las exportaciones bolivianas, pero también por razones de orden interno, se debe acabar con esa mentalidad de confrontación que ha hecho que durante casi 70 años, no tuviéramos relaciones diplomáticas.
A estas alturas, y de carambola gracias a la estúpida política exterior de Evo Morales, sabemos que no tenemos ningún derecho de reclamar nada a Chile, (todavía es importante cuantificar el daño económico del bochorno en La Haya).
Pero hemos aprendido algo más en esos años: que el tema del mar, la plañidera de la reivindicación marítima, puede ser muy mal, muy indecentemente, manejada en nuestra política interna. Y vale la pena recordar que detrás del reclamo ante La Haya estaba en juego la eternización de Morales en el poder, si es que un veredicto ambiguo de esa corte le hubiera siquiera dado un mínimo resquicio de legitimidad, lo que habría sido suficiente para interpretar el fallo como un logro de su Gobierno.
No debemos tampoco olvidar que la caída de Sánchez de Lozada en 2003 fue también producto de una conspiración que utilizó el odio o rechazo a Chile inculcado en escuelas y cuarteles a lo largo de más de 100 años.
Durante la visita de Kast a La Paz, ambos presidentes, él y su anfitrión, han mencionado que se trata de un momento histórico. Creo, y tengo la esperanza de que así sea. Más por Bolivia que por Chile.
La victimización como forma de armar nuestra identidad nacional nos ha sido tremendamente perniciosa, y esta no se circunscribe a la dolorosa perdida del litoral hace la friolera de casi un siglo y medio, sino a otras formas de ver nuestra historia, como el supuesto saqueo de la plata de Potosí, o el estaño a principios del siglo XX.
Tenemos que cambiar de visión de mundo, tenemos que dejar de vernos como víctimas, y lo que ha sucedido el viernes pasado en La Paz puede ser un gran primer paso para eso.
Tenemos que dar importancia a nuestra capacidad de construirnos, también en la adversidad telúrica de ser un país creado en medio de las montañas y en el corazón de los llanos sudamericanos, lejos, muy lejos del mar.
Si el Gobierno de Paz Pereira ayuda a cambiar esa mentalidad, hará un gran servicio al país, y podrá ser recordado positivamente por eso.
En cuanto a nuestras relaciones con Chile, me imagino a corto plazo una mejor conectividad, carreteras bien cuidadas entre las fronteras y los puertos, trato expedito en los pasos fronterizos, con atención oficial de 24 horas en algunos casos, y con horarios extendidos en otros, un control fronterizo que cierra a las 5 de la tarde, como es el de Hito Cajón, no es amigable.
Y sí, me parece muy bien que las fronteras sean más resguardadas, para disminuir cualquier tipo de contrabando o tráfico delictivo.
El autor es operador de turismo
Columnas de AGUSTÍN ECHALAR ASCARRUNZ


















