Variaciones sobre un mismo tema
El seguimiento a la presentación de los alegatos orales en e l juicio que el país ha incoado ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en contra de Chile ha copado la atención ciudadana. Todos los medios están dando amplia cobertura a su desarrollo, quienes comandan las guerras en las redes sociales se van transformando en mariscales cualquiera sea su nivel de conocimiento y posición, y el Presidente del Estado expresa en cada declaración (y son varias al día) alegría y “estar sorprendido” por el buen curso de los alegatos nacionales.
Las fotografías que se publican en los medios y en las redes sociales sobre la gente que ha viajado a La Haya para asistir a estos actos permiten identificar tres tipos de asistentes. Los que dirigen el proceso, encabezados por el Delegado boliviano y los abogados especializados. Luego, están los invitados a participar en las sesiones que prestan atención a lo que se dice y sólo declaran a requerimiento de los medios. Por último, están los funcionarios de segundo y tercer nivel que aparentemente sólo buscan aparecer en la foto mostrándose como pasajeros de colectivo, es decir, con un brazo levantado y el otro cuidando la libreta de direcciones.
En el país también es posible establecer algunos tipos de personas en relación al juicio en La Haya. Se encuentran quienes han puesto sus esperanzas en que la estrategia del gobierno tenga éxito y posibilite recuperar una salida soberana al Océano Pacífico (entre los que me adscribo). Están quienes no creen en esa estrategia y consideran que se trata de un trabajo que no tiene sentido, cualquiera sea el resultado, que sólo habrá costado dinero al Estado y provocar una nueva frustración a la población. Por último, están aquellos a quienes lo del mar, en verdad, les importa nada, pero apoyan el proceso porque si es exitoso puede servir a una nueva e inconstitucional postulación del Presidente Morales, y quienes por ese mismo motivo están por su fracaso. Además, salvo el primer grupo detectado en La Haya, los demás se reproducen en el país.
Si revisamos algunos momentos trascendentes de nuestra historia encontraremos muchas reacciones similares, en las que por factores ajenos al curso del tema, el país tuvo que soportar nuevos fracasos. En el caso del mar, probablemente las negociaciones de Charaña entre los dictadores que entonces gobernaban Bolivia y Chile hubieran tenido otro destino si, por un lado, el origen del mandato de ambos hubiera sido legítimo y no hubiera sido gobiernos represivos y violatorios de los más elementales derechos humanos y, por el otro, el mandatario boliviano no hubiese antepuesto sus personales intereses políticos a los del país.
Es precisamente ese antecedente el que permite considerar que el Presidente boliviano está ante la disyuntiva de convertirse en el personaje de nuestra historia que condujo adecuadamente una renovada estrategia para recuperar una salida al mar o, por la ambición de prorrogarse en el poder, en este caso insistiendo en su inconstitucional reelección, abrir, más bien, la senda al fracaso y la frustración.
Más aún cuando, como se ha podido constatar una vez más en La Haya, no ha habido en la historia contemporánea un equipo diplomático chileno tan incapaz y soberbio, que ha basado su estrategia en medias verdades y mentiras abiertas, desde el mero hecho de malinterpretar la demanda boliviana ante la CIJ, como fue demostrado por los jueces que la atienden.
En esta línea, conviene insistir en que las razones que explican el buen curso de nuestra demanda están la idoneidad profesional y técnica del equipo responsable de la causa y el cumplimiento de la palabra presidencial (aunque sus propios estrechos y poco fotogénicos colaboradores intenten violarla permanentemente) de evitar utilizar el tema para fines de política interna e intereses particulares.
Si bien la tentación es grande, hay que recordar que los verdaderos estadistas demuestran ser tales cuando en momentos clave prima en ellos el interés a largo plazo de sus pueblos y no los suyos propios.
Columnas de JUAN CRISTÓBAL SORUCO QUIROGA




















