La Bella Giuliana: Amor a la italiana
Ojo de Vid
Fotos: Hernán Andia
Luca trajo a Cochabamba los secretos de la cocina italiana de casa. Tuvo con Verónica, brava boliviana, una hija, la bella Giuliana, que es el nombre de su restaurante italiano (Venezuela 520 casi plaza Colón). Giuliana es una niña. No la conozco, pero por la ilusión que Luca y Verónica sienten al hablar de ella, me imagino que es bella. La bella Giuliana.
Yo estuve en Génova una semana y me sorprendió que los italianos sirvieran como primer plato la pasta (digamos, nuestra sopa) y luego el plato de fondo. Yo me servía la pasta y con ella estaba lleno. ¿Pero no vas a comer el plato de fondo?, me decían, y era quizá más suculento que la pasta, pero un exceso para nosotros. En Cochabamba, la cocina italiana respeta esta tradición y sirve la pasta como plato de fondo y por demás abundante.
Luca es también músico. Como prueba exhibe su bajo fretless, sin trastes, bueno para el jazz, el funk y el rythm’n blues. Es para cambiar de notas ejerciendo un slide entre ellas, y dejar que suenen los cambios de notas a medida que se desliza la mano por el mástil del instrumento. Tiene sonidos naturales y orgánicos, que se adaptan a algunas sonoridades sin necesidad de mezclas. Usa la escala cromática de doce tonos temperados y es más expresivo, aunque también su dificultad para tocarlo con maestría es mayor. Como ejemplo, dicen los que saben, alguien tocó un fretless en un concierto de los Rolling Stones.
Hay buena música en el ambiente y pastas y pizzas muy bien elaboradas. Yo le dije a Luca: No hay mejor pesto que éste; y era verdad. Pero los ravioles al pesto son solo parte de las exquisiteces que prepara.
La Bella Giuliana tiene su página en Facebook y en ella se ven las cosas deliciosas que prepara Luca. A la usanza hoy en boga, se pide dos o tres tipos de pasta. El secreto está en las salsas.
Puede ser spaguetti, Lasagna o ravioli; las salsas son el examen final de Luca, la prueba maestra de que todas tienen recetas caseras. Pero también la pasta, que es artesanal.
Luca embotella el limoncello, un licor de limón típicamente italiano, que es el leit motiv de una película interpretada por Adrien Brody y una bella italiana, de quien nunca se sabrá si miente, pero toma limoncello, Adrien lo prueba y queda cautivado. Beberlo como aperitivo es un lujo y llevarse una botella a casa, una satisfacción enorme.
Ver a Luca y Verónica cómo atienden y cuidan el negocio es un regalo para la vista. Hay jugos naturales individuales y en jarras y un pan tostado, que ofrecen como aperitivo, untado con una salsa suculenta.
Aquí hay un excelente resumen de cocina italiana. Todos los platos, las pizzas y las pastas son inigualables.




















