Crisis y transición energética
La dependencia que el mundo tiene de los combustibles fósiles, como el diésel, genera una crisis global debido a la escasez del carburante principalmente por los conflictos bélicos y empuja a los países a buscar opciones energéticas para que las industrias y el transporte no se paralicen.
En el país, esta crisis se ha traducido en filas interminables para acceder al diésel. Hasta el fin de la subvención, un conductor podía estar entre dos y cinco días ante un surtidor para poder abastecerse. Con la eliminación del subsidio, el 18 de septiembre, las filas han desaparecido; pero, el impacto de la elevación aún es incierto y ha reabierto el debate sobre la transición energética.
El diésel es uno de los combustibles fósiles más necesarios para la economía, porque es indispensable para el funcionamiento de la maquinaria agrícola. Además, gran parte del transporte pesado y de larga distancia es totalmente dependiente de este carburante para desplazarse.
Bolivia y el mundo comenzaron a sentir el impacto del aumento del precio internacional desde 2022, cuando comenzó la guerra en Ucrania y se acrecentó con el conflicto en Medio Oriente entre EE. UU. e Irán.
Nadie se salva de la escalada del precio del petróleo. De acuerdo con reportes de prensa, en Estados Unidos, los precios del petróleo a nivel internacional están anclados por encima de los 100 dólares por barril.
El precio promedio del diésel, al por menor, alcanzó otro máximo histórico el 17 de septiembre, cuando rozó los 6,4 dólares por galón, casi el doble de lo que costaba en enero, antes de que Estados Unidos e Israel atacaran a Irán, costaba 3,52 dólares por galón.
En Europa, según el boletín semanal del petróleo de la Comisión Europea, la media en toda la Unión Europea se situaba en 2,03 euros para el diésel hasta hace una semana.
Bolivia no está exenta de la crisis mundial del diésel con el agravante de que el subsidio que se destinaba a cubrir la importación se había tornado insostenible por la escasez del carburante y la falta de dólares.
Ante esta situación es inevitable avanzar en la transición energética. Sin embargo, este programa no puede consistir únicamente en un conjunto de buenas intenciones o salidas a un conflicto; sino, que debe estar acompañado de una estrategia, recursos económicos y una logística seria y segura para que quienes opten por cambiar a un medio transporte eléctrico tengan las condiciones materiales para hacerlo y no se vean defraudados. El Gobierno Nacional debe generar políticas públicas para que realmente se avance en la transición energética.


















