¿Cómo tratar la artritis reumatoide?
Hoy, 12 de octubre, se conmemora el Día Mundial de la Artritis Reumatoide (AR), un padecimiento que, según detalla el internista reumatólogo Jhonny Flores, es la forma más común de artritis autoinmune y afecta al 0,3-1,1 por ciento de la población general (cinco por 1.000 adultos). “Más de 23 millones de personas en todo el mundo padecen AR. En Cochabamba, son más o menos de 18.000 a 25.000 habitantes”, puntualiza. Especifica además que alrededor del 75 por ciento de los pacientes son mujeres. “La enfermedad comienza con mayor frecuencia entre los 20 y 50 años. Sin embargo, la AR puede comenzar a cualquier edad”, añade.
Expone que ésta es una enfermedad crónica que causa dolor en las articulaciones, rigidez, hinchazón y disminución del movimiento articular. “Las más afectadas son las pequeñas articulaciones de las manos y los pies. A veces, la AR puede afectar a órganos como los ojos, la piel o los pulmones”, acota.
Señala que la rigidez puede ser peor en las mañanas. Puede durar una a dos horas (o incluso todo el día). “Por lo general, mejora con el movimiento de las articulaciones. Una rigidez que dura mucho tiempo en la mañana es un indicio de que puede tener artritis reumatoide, ya que esto no es común en otras afecciones”, dice el especialista.
Otros signos y síntomas que menciona son: poca energía, fiebre, pérdida del apetito, sequedad en los ojos y la boca debido a un problema de salud relacionado, síndrome de Sjögren y bultos firmes (llamados nódulos reumatoides) que crecen debajo de la piel en lugares como el codo y las manos.
“A largo plazo, las consecuencias de la enfermedad dejada a su evolución son la limitación e incapacidad para la realización inicialmente de las actividades laborales y, posteriormente, de la vida diaria. El paciente puede tener alguna deformidad debido al deterioro progresivo de las articulaciones afectadas”, advierte el experto.
¿La AR se cura? Flores indica que actualmente no existe tratamiento alguno que permita curar la patología. Entonces ¿qué es lo que se logra con los tratamientos? El experto responde que el objetivo del tratamiento de la artritis reumatoide es que el paciente pueda llevar una vida normal. “Este objetivo se logrará con la detección precoz de la enfermedad y, por tanto, la instauración temprana de un tratamiento efectivo para que pueda minimizarse el daño articular”, resalta.
Flores señala que, hasta hace poco, los tratamientos de la artritis reumatoide estaban únicamente dirigidos a reducir el dolor y paliar los síntomas de la enfermedad. Sin embargo, la existencia de terapias innovadoras y muy efectivas han hecho que sea posible hablar de “remisión" cuando los síntomas están controlados en su totalidad.
De hecho, destaca que, hace ya tiempo, las principales organizaciones de especialistas en reumatología (el Colegio Americano de Reumatología, ACR y la Liga Europea contra la Reumatología, EULAR) consideran que, en la instauración de cualquier tratamiento, los pacientes deben tomar parte activa en la decisión terapéutica. “El reumatólogo, desde el conocimiento médico, debe presentarle al paciente todas las opciones de tratamiento. Deben conocer los principales objetivos terapéuticos, los posibles efectos secundarios y decidir entonces si son asumibles para ellos o no…así, juntos, poder elegir según sus propias características cuál es el más indicado”, subraya.
TRATAMIENTOS DESDE LA REUMATOLOGÍA
“El tratamiento para la AR ha mejorado mucho en los últimos 30 años. Los tratamientos actuales le brindan a la mayoría de los pacientes un alivio bueno o excelente de los síntomas y les permiten seguir funcionando en los niveles normales o casi a esos niveles y no presentan signos de enfermedad activa”, manifiesta Flores.
Apunta que los pacientes con un diagnóstico de AR deben comenzar su tratamiento con medicamentos antirreumáticos modificadores de la enfermedad, conocidos como DMARD. Manifiesta que estos fármacos no sólo alivian los síntomas, sino que también retardan el avance del mal. Con frecuencia, los médicos recetan DMARD junto a antinflamatorios no esteroideos o AINE o corticosteroides en dosis bajas para reducir la hinchazón y el dolor.
Entre algunos DMARD comunes menciona el Metotrexato, la Leflunomida, la Hidroxicloroquina y la Sulfasalazina. “La azatioprina y ciclosporina rara vez se recetan para la AR, dado que otros medicamentos funcionan mejor o tienen menos efectos secundarios”, aclara el especialista. Apunta que, tras la elección del primer tratamiento, según sus guías, si el paciente está activo deben evaluarlo entre uno y tres meses y definir si se continúa o se modifica el tratamiento (según los objetivos alcanzados).
Respecto a los pacientes que presentan la enfermedad más activa o no respondan a los DMARD (tanto como monoterapia o combinados) y no alcanzaron el objetivo de llegar a la remisión, es decir, que no tenga más síntomas (como dolor e inflamación), afirma que pueden necesitar nuevas moléculas, llamadas modificadores de respuesta biológica o “agentes biológicos”. Explica que estos nuevos fármacos fueron diseñados para que actúen sobre una diana terapéutica específica y bloquean las señales químicas del sistema inmunitario que producen la inflamación y el daño de las articulaciones o tejidos. Entre los medicamentos de este tipo aprobados por la FDA nombra a: Abatacept, Adalimumab, Anakinra, Certolizumab, Etanercept, Golimumab, Infliximab, Rituximaby Tocilizumab e inhibidores de la quinasa de Janus (JAK). En la mayoría de los casos, los pacientes toman estos medicamentos junto con metotrexato, ya que la combinación de fármacos es más eficaz, añade el internista reumatólogo.
“El mejor tratamiento para la AR exige algo más que medicamentos, es integral. La educación del paciente sobre cómo convivir con la enfermedad también es importante”, enfatiza Flores. Resalta que para una atención adecuada se requiere con frecuencia la participación de un equipo de profesionales, incluidos reumatólogos, médicos de cabecera y terapeutas físicos y ocupacionales.
Aconseja que el paciente consulte al reumatólogo con frecuencia durante el año. “Estos controles permiten que el médico monitoree el curso de la enfermedad y examine si hay efectos secundarios de los medicamentos que toma, además de aclarar mitos o dudas frecuentes que tienen los pacientes y la familia”, afirma. Comenta que el tema más consultado es el de la alimentación. Asegura que no se ha demostrado que un alimento o grupo de alimentos desencadene o empeore el mal. Añade que también hay mitos sobre el uso de ciertas sustancias que no se pueden llamar medicamentos y que sean útiles para su tratamiento, como el cloruro de magnesio, por ejemplo.
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BIOINTERPRETACIÓN DE LA ARTRITIS REUMATOIDEA
Además del punto de vista de la reumatología y la medicina tradicional, esta afección también es tratada desde otra mirada. El homeópata neuroemocional y propietario de Integrando, Carlos González, manifiesta que desde la medicina convencional existe la creencia de que la artritis es una enfermedad “incurable” y, de hecho, la mayoría de los que la padecen así lo creen. Sin embargo, diferencia que el cuerpo siempre tiene la oportunidad de revertir cualquier proceso crónico, si éste no ha sido demasiado prolongado o excesivamente medicado. De la misma forma que éste, por alguna razón que la ciencia clásica aún desconoce, comienza a “autoatacarse” (enfermedad autoinmune), gracias a sus sistemas de homeostasia tendrá siempre la oportunidad de restaurar el orden y revertir la enfermedad. “Sólo hay que reparar la verdadera razón por la cual el ‘switch’ del sistema inmune dejó de funcionar bien y ésta no se encuentra en nuestro cuerpo físico”, asegura.
Remarca además que la creencia de que la enfermedad que uno porta es “incurable”, predispone efectivamente a tal condición, impidiéndose, por tanto, desde el ámbito mental, que pueda realizarse la curación. González resalta que a este fenómeno se le denomina Efecto Nocebo y funciona de la misma forma que el placebo, por lo cual uno podría curarse desde una creencia positiva.
“Es la artritis una de esas enfermedades complejas, llena de rinconcitos conflictuales y emocionales que limpiar, y obviamente personalizada por cada ser que la sufre. Cada uno tiene sus circunstancias y su camino totalmente único para llegar a la enfermedad”, indica. Sin embargo, apunta que hay cuestiones que pueden ser consideradas comunes a todos los que enferman de artritis. Para empezar, dice que existe una fuerte connotación de obstinación y rigidez en el conflicto que sostiene la enfermedad, pues las articulaciones son aquellas que nos permiten “flexibilizarnos” físicamente.
Explica que la articulación afectada también deja un claro mensaje, pues no todas las articulaciones significan lo mismo (no tiene la misma función una rodilla que un tobillo, o que una muñeca o un codo). “Cada una nos dará un mensaje diferente. Pero, si tu artrosis es en la rodilla, por ejemplo, tendrás que observar mucho tu gran dificultad a ‘doblegarte’ ante alguien o ante alguna situación. Esta articulación denota una actitud de soberbia ante aquello que no estás sabiendo aceptar”, especifica.
Por otro lado, señala que hay mucho autoreproche en cualquier tipo de AR. Afirma que el reuma es una enfermedad autoinmune, lo cual quiere decir que las propias defensas se defienden de uno mismo, iniciando un proceso de inflamación y destrucción. “En este movimiento energético de tu cuerpo existe un fuerte sentimiento de castigo y desmerecimiento personal, bajo el amparo de un gran y profundo sentimiento de culpabilidad, puesto que ésta última no puede existir sin un buen castigo que en este caso es la autodestrucción”, añade.
Recomienda que todas las personas que sufren la enfermedad comiencen rápidamente a practicar el perdón, pero especialmente hacia sí mismos. “No olvidemos que el amor es la solución verdadera a cualquiera de las enfermedades que, por cierto, creamos nosotros mismos”, subraya.
Apunta además que el portador de esta enfermedad adopta fácilmente una postura de víctima enojada. “De hecho, es verdaderamente la raíz de esta enfermedad. Es nuestra wawa sentida la que se cruza de brazos y se ‘traga su enojo’, por lo que es nuestro cuerpo el que se encarga de expresarlo mediante el proceso de la inflamación”, adiciona. Aconseja siempre mirar atrás para comprender en qué punto “nuestra wawa” vivió y sintió con sus seres queridos una o múltiples situaciones de injusticia que calló por miedo a expresarla. “Mediante el perdón, el enfermo de artritis debe dejar su actitud de víctima enojada y comenzar a ser creador de su propia felicidad y armonía”, asegura. Comparte que una afirmación sanadora para esta enfermedad podría ser: “Me perdono y me acepto, y perdono a todos aquellos con los que me he sentido ofendido”.
Asevera que, homeopáticamente, hay una gran lista de remedios que pueden ayudar a esta transformación del ser a nivel físico, emocional y mental. Entre ellos, destaca el Rhus Toxicodendrum (roble atlántico), el Natrium muriáticum (sal de mar), Bryonia alba (nuez blanca), apis melífica (abeja común) o solanum dulcamara (Dulcamara). “Podemos acompañar el tratamiento con esencias florales que trabajan muy bien el área emocional, destacándose el agua de roca (rock water) del sistema floral del Dr. Bach, por su gran efectividad en ‘disolver’ inflexibilidades”, puntualiza González.
















