Takipayanaku, comida y comparsas persisten en el Carnaval valluno
Varias tradiciones del Carnaval valluno persisten, pese a los cambios y a la evolución de las actividades que se realizan en esta época. Las coplas, los takipayanakus, la comida y las comparsas comunitarias se mantienen como parte de la esencia carnavalera en todo el departamento, según historiadores y gestores culturales.
Los expertos coinciden en que los takipayanakus y la comida tradicional son elementos clave para describir el carnaval valluno.
“Hay un desborde de coplas, de canciones, de improvisaciones, de tonadas, de música que tiene la particularidad de que está creado por el pueblo, en las comunidades, en los rancheríos, en las provincias. En la zona urbana se ha perdido eso, antes salían en familias, en grupos, ahora ya no”, dijo el historiador, Juan Clavijo.
Asimismo, se apunta a que el Carnaval es considerado el fin del proceso de producción, por lo que las frutas y verduras se presentan en abundancia.
“Somos sociedades agrícolas”, añadió la gestora cultural, Melby Mojica.
Cinco regiones
or su parte, Uvaldo Romero, otro gestor cultural, explicó que en las cinco regiones se tiene particularidades. En el área metropolitana y el valle bajo, las entradas y los corsos, además del puchero y la jak’a lawa destacan en la celebración. Se complementa con la música tradicional, las coplas jocosas que se conciben como una “disputa entre varón y mujer”, a partir de la que se organizan concursos y festivales.
En el valle alto, son típicas las comparsas carnavaleras que se acompañan con el acordeón, la concertina, charangos, guitarras e incluso trompetas, este último sobre todo en el municipio de Tarata, afirmó.
En tanto, en los municipios de cono sur, los q’opuyos carnavaleros son esenciales en la celebración. Romero detalló que se trata de cruces andinas que son decoradas con panes en formas de roscas grandes, frutas, verduras producidas en la zona. Se agregan serpentinas y mixturas. Estos elementos son colocados en el centro de la comunidad o de las casas.
En este caso, las comunidades se visitan y comparten una celebración comunitaria.
Al respecto, Clavijo dijo que en Aiquile los jóvenes regresan a sus casas en época de Carnaval, únicamente para “pedir permiso” y celebrar por varios días junto a la comunidad.
“No hay una fiesta carnavalera sin takipayanaku”, dijo Romero y es por eso que en el trópico, las actividades se centran en los festivales de música carnavalera.
Finalmente, en la zona andina, los comunarios usan sus mejores tejidos y trajes para celebrar el Carnaval.
La música en esta región ocupa instrumentos propios, por lo que la música tiene un tono distinto al que se conoce en los valles.
“Lo que caracteriza en resumen al carnaval en Cochabamba es la alegría, la comunidad, la integración entre diferentes”, agregó.
Tradiciones olvidadas
Clavijo señaló que hay algunas actividades que se fueron perdiendo con el tiempo, uno es la paq’oma que era un evento que se desarrollaba el lunes de Carnaval en la que los vecinos tenían “el permiso de robar” los productos del vecino, es decir podían ingresar libremente a un terreno ajeno y “sacar” los frutos que allí crecían.
“Ahora con la crisis se produce poco, ya no dejan entrar, está cercado, hay muchas limitaciones”, explicó.
Otro elemento que se añadía era el qopuro (arco armado con palos), que intentaba representar la abundancia por lo que se agregaban frutas, flores y otros.
Clavijo destacó que el carnaval se extiende por varias semanas y con una serie de actividades. “Es un jolgorio, es un festejo y está permitido, entonces se van toda una semana en su pueblo con acordeones, fundamentalmente en pandillas, en grupos que bailan, cantan, esos desbordes son realmente sorprendentes”, añadió.
Mojica destaca la q’oa y puntualizó que este elemento ha evolucionado y cambiado. “Se agregan muchos elementos, cuando antes sólo se hacía humear y se ponía el untu o la grasita”, finalizó.



























