Hechos y palabras
Así empezamos. Los hechos hablan y son más contundentes que las palabras, sin embargo las palabras parece que son tan increíblemente contundentes que dejan al pensamiento un poco turulato.
Veamos: El Dakar es un hecho que genera una serie de virtudes y problemas, las virtudes son evidentemente haber puesto a Bolivia en el mapa universal. Bueno, hasta por ahí nomás, pues yo no recuerdo que el París-Dakar original hubiera puesto a los países africanos en la palestra universal de los países a ser visitados. Es más, si uno se atiene a los hechos: si no tienes un auto poderosísimo y no tienes unos 200.000 dólares no entras y listo. Y si quieres visitar un país por donde pasa el Dakar seguro que no lo harás donde las dificultades abundan. Menos cuando se sabe que con la experiencia, ni la Argentina ni Chile ni Perú generaron ingresos geniales a consecuencia del tan mentado Dakar.
Nuestro Dakar, además de generar toneladas de basura y romper sitios que arqueológicamente son una riqueza; y de matar perros y claro ocasionalmente individuos, ¿qué más nos da? Una sensación de país avanzado y en el siglo XXI. Tonterías.
Perú se ha dado cuenta del coste ambiental, Chile protesta y Argentina se lo cuestiona. ¿Y los bolivianos? Dakar nos dará de comer por muchos años. Palabras y no hechos. En cifras ¿cuánto dinero genera el Dakar a largo plazo? Nadie quiere decir.
Oruro sigue siendo el caminito por el cual pasar y Uyuni el centro que se quedará sin naturaleza si se sigue así.
Uno demanda hechos y palabras, ambos hablan con la misma fuerza. El Vice nos ha dado el ejemplo más vivo: las universidades bolivianas están en triciclo mientras que el Estado nacional en el Dakar. El Dakar ha servido para anécdota y no para hacer un llamado a las universidades a subir al carro de la iniciativa de desarrollo.
El Dakar solamente apabulla y ocupa horarios de televisión: ¿qué se ve de Bolivia, Argentina o Chile? Campos supuestamente arduos y ariscos, deshabitados y abandonados por la mano de Dios. Y en realidad lo que esconden no lo sabemos y lamentablemente no lo sabremos nunca más.
No estar de acuerdo con el Rally Dakar es no estar de acuerdo con el abuso de países colonizadores, es no estar de acuerdo con el engaño de las medias nailona, (¿recuerdan el gringo bandolero, lero, lero, lero?). ¿Con qué cara podemos decir al mundo que defendemos la naturaleza cuando las pruebas son de que nos importa un rábano?
El lago Poopó se ha secado. Su muerte, por cierto anunciada desde hace muchos años, nos ha dejado con esa sensación de ¡¡¡…uno mas!!! Y no puede ser.
Nuestras ciudades se asfixian, sus lagos son fuentes de putrefacción y abandono. Y la Fuerza Aérea con coches nuevos, caros y brillantes cuando los hospitales no cuentan con ambulancias modernas y de primeros auxilios de calidad.
Algo pasa, quizá lo que de verdad pasa, es que no hemos tomado en cuenta en serio que nuestro medio ambiente es frágil y si se rompe se rompió para siempre.
No tenemos que hacer mucho esfuerzo, Cochabamba es una ciudad dejada a manos de irresponsables que en vez de árboles ponen cemento de colores.
Y el Rally Dakar vive ahora su mejor momento, nos ha dejado tantas toneladas de Co2 que podemos por lo menos sonreír que nos parecemos un poquito a Beijín.
El autor es economista.
Columnas de Bernardo Triveño Camacho














