La mano del imperialismo
Cuidadito: el sol no va a salir y la luna se va a ir de parranda, van a comer tus wawas y hasta tu bicicleta te van a quitar
Hay una película española, dentro de las clásicas, hermosa que se llama “Bienvenido Mr. Marshall”. Esta película es una historia sobre la necesidad de la España franquista de entrar en el plan norteamericano de rescate de Europa post 2da Guerra Mundial. España, por su apoyo tácito a Hitler, está fuera del plan. El franquismo mendiga y pide, una vez restablecidas las relaciones entre España y EEUU, que por favor apoyen a España dentro del Plan Marshall al gobierno. La Iglesia, defensora intransigente del régimen, se opone a este apoyo arguyendo que los gringos son protestantes, no son católicos, son herejes, apoyan el divorcio, por tanto están en contra de la familia. Recomiendo verla que es una joya del cine universal.
El imperialismo tiene otras maneras de entrar en la vida de los pueblos. Recuerdo en los años 60, una conferencia del entonces dirigente del PCB, Jorge Kolle Cueto, donde dijo que el imperialismo se opone al desarrollo a título de defender la naturaleza. Recuerdo claramente la imagen de un río escupiendo sus caudales, Kolle Cueto diciendo. Este río puede perfectamente generar electricidad y trabajo si se construye una represa y se conduce el agua para generar energía y luego riego. Por supuesto, no se dijo nada de que esa represa ocuparía tierras cultivables o despojaría de casas a sus habitantes, o ahogaría naturaleza irremplazable. Pero el imperialismo estaba impidiendo, a título de defensa de la naturaleza, el desarrollo de los países pobres. El imperialismo está en contra del desarrollo.
También el imperialismo está en contra de la familia, organizan educación sexual y propagan la píldora y el amor libre. El imperio ataca por todos lados.
Las imperialistas, que no son pocas, se quitan los sostenes y los queman en plena vía pública y generan un movimiento universal de los derechos de la mujer. Los imperialistas siguen con eso de meterse en nuestras vidas. Ahora quieren que los niños y niñas no trabajen, bueno todo esto de alguna manera es de seguro un plan genial para evitar que los niños y niñas al ser jóvenes no tengan ninguna educación comercial y no compitan en el mercado.
En la guerrilla de los 70 se heredó la estructura machista, el hombre el luchador la mujer la costurera. El hombre el dedicado la mujer al servicio. No miento, lo prometo, que incluso se decía que los compañeros necesitaban desahogarse con una compañera y que era trabajo revolucionario el permitir esa entreguita.
Todo eso, es trabajo del imperialismo. Y claro, como todos somos unos huevones nos lo creemos como si fuera verdad de evidencia newtoniana. Se le cae la manzana y descubre la teoría de la gravedad. El imperialismo quiere atacar y no le importa nada. Al final están tratando con gentes que no son adultos y se creen todo, ¿no ve?
Cuidadito: el sol no va a salir y la luna se va a ir de parranda, van a comer tus wawas y hasta tu bicicleta te van a quitar.
A mi madre le dijo un obispo de Cochabamba en los 60s: “Hija mía, el comunismo es un pecado, todo lo hacen en común tú no serás más la mujer de tu marido solamente serás la mujer de todos”. Gracias a Dios mi madre tenía sentido del humor y sonrió, lo que no sé ni lo sabré nunca, es si sonrío de pena o aguantándose de decirle al obispo, ¡cojudo!; eso habría sido pecado capital.
El autor es economista.
Columnas de Bernardo Triveño Camacho
















